Una antigua ladrillera del barrio Norte terminó convertida en un botadero de basura. Allí, algunos vecinos arrojan sus bolsas en lugar de caminar hasta el punto por donde pasa el carro recolector. Pero el problema no se limita a estas prácticas. También tiene que ver con las calles a las que no llega el servicio, la respuesta de la administración municipal y las medidas para evitar que los residuos vuelvan a acumularse en los mismos lugares. Una de ellas es el comparendo ambiental, cuya aplicación hace parte de esta historia.
Las dificultades para recoger y disponer adecuadamente de los residuos afectan en gran medida a las zonas rurales de Colombia. Según una investigación publicada en 2023 por Nelly Geraldine Polo Sánchez y Jhonny García Pedraza, el 76 por ciento de estas zonas no cuenta con servicio de recolección de basuras. Ante esta situación, muchas comunidades recurren a la quema y al enterramiento de los residuos, prácticas que pueden contaminar el agua, el aire y el suelo.

Aunque las condiciones de San Juan del Cesar tienen sus particularidades, el problema pone sobre la mesa varios factores: los hábitos de los habitantes, la cobertura del servicio de recolección, la capacidad de respuesta de las autoridades y las alternativas disponibles para disponer de la basura.
En el municipio, la administración ha realizado campañas de sensibilización, jornadas de limpieza y acciones de control. También adelanta un proceso para reglamentar y actualizar el comparendo ambiental. Pese a estas medidas, en algunos sectores los residuos vuelven a ocupar los mismos espacios. Quienes viven cerca de estos puntos conviven a diario con sus consecuencias. El señor Serpa, por ejemplo, no solo ve la basura acumulada: también soporta los malos olores que desprende.
Una realidad que se respira

Como todas las tardes, Arsenio Serpa se sienta en la terraza de su casa, bajo la sombra de un árbol de almendro, a disfrutar de la brisa. Desde su mecedora ve llegar a su esposa, que le trae una taza de café caliente. Pero, cuando se dispone a tomar el primer sorbo, el aroma del café se mezcla con los olores fuertes que provienen de una antigua ladrillera cercana, convertida en un botadero informal de basura y residuos de poda. Serpa compara ese olor con el de una laguna de oxidación y advierte sobre los riesgos que representa para la salud de quienes viven en el sector.
Hace seis años, Serpa llegó a vivir al barrio Norte de San Juan del Cesar. Desde entonces, asegura, los olores persisten. Para él, una mayor vigilancia ayudaría a controlar la acumulación de residuos.
“Yo pienso que el problema se solucionaría si hubiera más vigilancia. Es que solamente vemos en el mes a un policía que pasa, da una vuelta y ya se va. Eso es algo muy rápido. Aunque, a mi manera de pensar, eso también le corresponde a la Secretaría de Salud”, cuenta.
El problema de los residuos sólidos en Colombia tiene distintas causas, entre ellas las dificultades para acceder al servicio de aseo en las zonas rurales. Según el investigador Orlando Puente Moreno, la cobertura limitada, las vías de acceso deficientes y la escasa gestión institucional dificultan la recolección y disposición adecuadas de las basuras. En estos lugares, la quema, el enterramiento y el vertimiento en fuentes de agua figuran entre las prácticas utilizadas para deshacerse de los residuos.
A esto se suma el aumento de los desechos asociados a las actividades agropecuarias y al consumo de productos empacados en plástico, como botellas, bolsas y envolturas. Sin embargo, en muchas comunidades rurales también persisten prácticas de aprovechamiento de los residuos orgánicos, que se utilizan para elaborar compost o alimentar animales.
Aunque las condiciones no son iguales en todas partes, la acumulación de basura no depende únicamente de las decisiones de los habitantes. La cobertura del servicio de aseo y la respuesta de las autoridades también inciden en la forma en que las comunidades se deshacen de sus residuos. En el barrio Norte, por ejemplo, el carro recolector tiene un punto asignado cerca de la iglesia del Divino Niño, pero no recorre las calles internas. Por eso, algunos habitantes del sector y de barrios vecinos llevan sus bolsas hasta la antigua ladrillera.
Con el tiempo, los residuos se acumulan y algunos vecinos optan por quemarlos. El humo llega hasta las viviendas y obliga a las familias a salir de sus casas mientras se disipa.
“A veces se forman grandes humaredas. El humo entra a las viviendas y, en ocasiones, debemos salir y dejar la casa sola durante un tiempo, porque se llena completamente de humo”, cuenta Serpa.
Según el hombre, el problema lleva años sin una respuesta visible. En los seis años que ha vivido en el barrio, asegura, no ha visto acciones de la Administración municipal ni de la Secretaría de Salud para atender esta situación.
Al ser consultada por esta situación, la Secretaría de Planeación informó, a través del ingeniero José Banquet, que ha establecido directrices para disponer escombros y material de relleno limpio con el propósito de erradicar el socavón. También señaló que trasladará el caso a la Secretaría de Salud para que realice la verificación correspondiente.
Para Serpa, la falta de organización comunitaria es otra dificultad. El barrio no cuenta con un presidente de la Junta de Acción Comunal que lidere iniciativas para atender el problema. Con más de 50 años de trayectoria en el liderazgo comunitario y la salud pública local, considera que todavía no se han consolidado acciones colectivas para buscar una solución. Aun así, ve en el acercamiento con una aspirante a la presidencia de la junta una oportunidad para impulsar cambios en el sector.
Serpa tampoco conoce el comparendo ambiental. Cuenta que ni siquiera en las reuniones de adultos mayores ha escuchado hablar de esta medida, pensada para sancionar conductas que afectan el ambiente y la limpieza de los espacios públicos.
“Me parece que ese asunto del comparendo ambiental debe ser conocido por todos los habitantes del municipio. Lo deben enseñar en toda reunión, en el colegio, en las reuniones de padres de familia, porque nos compete a todos los ciudadanos”, dice.
Serpa propone conformar una comisión en la que participen la Alcaldía y las secretarías de Salud, Planeación, Gobierno y Educación para coordinar acciones frente al problema. También considera necesario realizar jornadas de sensibilización y pedagogía, pues, a su juicio, muchos habitantes desconocen las consecuencias de estas prácticas y las medidas que pueden tomarse para evitarlas.
Otra propuesta consiste en crear empleos formales para adultos mayores. Plantea contratar entre tres y cuatro personas, de 50 a 60 años, con un ingreso garantizado, para apoyar la recolección de residuos y la limpieza de los barrios afectados. Según explica, algunos recicladores independientes recogen únicamente los materiales que pueden aprovechar y dejan otros residuos esparcidos en la vía pública, lo que aumenta el desorden.
En el barrio Loma Fresca, la acumulación de basura también es un problema de larga data. Rosa Maestre, presidenta de la Junta de Acción Comunal, describe una situación similar a la del barrio Norte: los residuos se siguen acumulando y, según señala, las medidas adoptadas hasta ahora no han resuelto el problema de fondo.
Rosa Maestre regresaba del centro hacia su casa cuando se encontró con el carro recolector en el barrio Loma Fresca. Los trabajadores recogían las bolsas de basura que se habían roto, después de que perros y vacas de los corrales esparcieran los residuos por el suelo. Mientras levantaban los desechos, empezó a sentirse un olor fuerte, producto de la basura acumulada durante varios días.
Ese mismo olor, cuenta Rosa, se percibe en el parque ecológico y el parque infantil, ubicados a orillas del río Cesar y que, según describe, se encuentran en completo abandono. Cuando llueve, la situación empeora: al olor de los residuos se suma el de los criaderos de cerdos cercanos.
Para Rosa, una de las causas del problema es la irregularidad en la prestación del servicio de aseo. “Lo que pasa es que el carro del aseo no pasa de manera puntual por el barrio y esto se agrava porque el vehículo transita demasiado rápido, no utiliza las bocinas para alertar a la comunidad y, si no ve bolsas en el momento exacto, continúa su ruta dejando los desechos acumulados”.
Ante esta falta de regularidad en el servicio, los habitantes recurren a pagar a mototaxistas para deshacerse de la basura o terminan arrojándola directamente a la orilla del río. Esta práctica afecta zonas comunitarias como el parque ecológico y la cancha de fútbol infantil del barrio.
Por años, la comunidad ha tenido que convivir en medio de corrales de vacas y cerdos que operan como criaderos y mataderos desde hace más de tres décadas. Tanto las vacas de estos corrales como los perros callejeros rompen las bolsas y esparcen los desechos, generando malos olores, contaminación visual y un grave riesgo sanitario.
Meses atrás ella era líder del barrio, siempre activa trabajando a favor de la comunidad, y hoy, siendo ya presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio Loma Fresca, se ha apersonado de estas problemáticas. Indica que en varias ocasiones han acudido a la administración municipal y que en mayo de este año 2026 la comunidad presentó una solicitud formal ante la Corporación Autónoma Regional de La Guajira, Corpoguajira.
La administración municipal se limitó a ofrecer charlas educativas y brigadas de limpieza temporales. En cuanto a la intervención de Corpoguajira, la autoridad ambiental realizó una jornada de limpieza que no cumplió con las expectativas de los habitantes debido a la falta de herramientas adecuadas para retirar los desechos.
Resolver el problema de fondo requiere personal disponible para recoger los residuos, vehículos de carga adecuados y centros de acopio permanentes. Sin embargo, según Maestre, las autoridades todavía no han implementado estas medidas.
Sobre el comparendo ambiental, la lideresa cuenta que conoce el tema porque ha buscado información por su propia cuenta, ante la falta de respuestas al problema que enfrenta el barrio. “Nadie nos ha venido a dar charlas educativas sobre el comparendo ambiental ni a sensibilizarnos con ese tema”, afirma.
Maestre ha acudido a la Policía en dos ocasiones para denunciar a personas ajenas al sector que arrojaban basura y talaban árboles. Según relata, los uniformados se limitaron a hacer llamados de atención y sensibilizaciones, sin imponer multas ni comparendos.
La falta de cultura ciudadana es otro factor que, a su juicio, contribuye a que el problema persista en San Juan del Cesar. Si las personas fueran conscientes de las consecuencias de arrojar basura, dice, evitarían contaminar el ambiente y afectar a quienes viven en el sector, entre ellos niños y adultos mayores.
Mientras tanto, la comunidad espera que las jornadas de limpieza cuenten con centros de acopio para facilitar la recolección de los residuos. También pide mayor seguimiento por parte de las autoridades ambientales y que se impongan comparendos a quienes arrojan basura en lugares no autorizados. Para los habitantes, las sanciones económicas pueden ayudar a que las personas reflexionen sobre sus prácticas y las consecuencias que tienen para los demás.
Entre la norma y su aplicación: los retos del comparendo ambiental
El comparendo ambiental está respaldado por el Acuerdo Municipal 024 de 2020, que contiene el Código Tributario Municipal, y por la Ley 1801 de 2016, Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana. Sin embargo, su reglamentación todavía requiere ajustes, explica José Banquet, ingeniero ambiental de la Secretaría de Planeación.
Por eso, la Administración municipal prepara un nuevo acuerdo para actualizar las disposiciones e incorporar medidas de protección de las áreas de importancia ambiental del municipio. Entre ellas están la Reserva Forestal Protectora Manantial de Cañaverales; los sectores de la Sierra Nevada de Santa Marta que corresponden a San Juan del Cesar; el Distrito de Manejo Integrado Serranía del Perijá; el DMI Caracolí-Sabanas de Manuela, y los ríos Cesar y San Francisco. Todas están identificadas como áreas de interés ambiental en el Plan Básico de Ordenamiento Territorial (PBOT).
Aunque el municipio cuenta con una herramienta legal para sancionar la disposición inadecuada de residuos, su aplicación no ha impedido que la basura siga acumulándose en distintos sectores. Como parte de las medidas para enfrentar el problema, la Administración realiza entre dos y tres jornadas de limpieza al año, acompañadas de actividades de sensibilización en los barrios más vulnerables y cercanos a las fuentes hídricas, como Loma Fresca, Bethel y Manzanillo.
Dos o tres días antes de cada jornada, funcionarios de la Administración y de la empresa de aseo visitan las viviendas para informar a los habitantes sobre las rutas y frecuencias del carro recolector. También les advierten sobre las sanciones económicas que pueden recibir si son sorprendidos arrojando residuos en lugares no autorizados.
“Se les da a conocer formalmente que, al ser sorprendidos en flagrancia, se exponen a sanciones económicas que equivalen a varios salarios diarios”, puntualiza el funcionario.
Pese a estas actividades, persisten prácticas que dificultan el manejo adecuado de los residuos. Según explica, hay habitantes que, aunque tienen el paso del carro recolector a 30 o 40 metros de sus casas, prefieren caminar entre 200 y 500 metros para arrojar la basura al suelo o a la orilla del río.
Aunque el comparendo ambiental es una herramienta legal disponible, su aplicación depende de la capacidad operativa de la Policía. “Lastimosamente, la Policía no tiene la disponibilidad para imponer los comparendos de forma constante, pero sí los aplica cuando sorprende a la persona infringiendo”, explica Banquet.
Una de las dificultades es la falta de personal: el policía ambiental fue trasladado y los demás uniformados deben atender situaciones urgentes de orden público, por lo que dedican poco tiempo a estas labores. Ante estas limitaciones, la Administración ha realizado operativos de control en lugares como el manantial de Cañaverales, aunque, según Banquet, las intervenciones se han limitado a acciones pedagógicas, sin que se hayan podido imponer multas.
Otro obstáculo para el manejo de los residuos en San Juan del Cesar es la falta de plantas que permitan transformarlos en nuevos productos dentro del municipio. Según el ingeniero José Banquet, los establecimientos locales funcionan como centros de acopio temporal: trituran o compactan plásticos y metales para reducir su volumen y enviarlos a otras regiones, donde continúa su procesamiento.
Esta dependencia de otros mercados hace que el sistema sea vulnerable a las variaciones de los precios. Cuando cae el valor de materiales como el PET —el plástico con el que se fabrican las botellas de agua y gaseosa— o el vidrio en ciudades como Barranquilla, Bogotá y Medellín, su comercialización deja de ser rentable y estos residuos pueden terminar acumulados o mezclados con la basura común.
Frente a esta situación, Banquet plantea construir un parque tecnológico ambiental que permita procesar los residuos en el municipio y fabricar nuevos productos. Para materializar el proyecto, la Administración busca apoyo del Gobierno nacional. “Este es un proyecto que queremos materializar con ayuda del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Territorial, porque realmente el municipio no cuenta con 30.000 o 40.000 millones de pesos para construir esta infraestructura”, explica el ingeniero.
La iniciativa, sin embargo, requiere recursos que el municipio no puede asumir por cuenta propia. Mientras se busca financiación para el parque, también está pendiente la puesta en marcha efectiva del comparendo ambiental. Según el intendente de la Policía Leonardo Monzalvo, la Alcaldía y Corpoguajira están verificando los procedimientos y los convenios necesarios para aplicarlo.
Así, aunque existe un respaldo normativo para sancionar a quienes arrojan residuos en lugares no autorizados, su aplicación todavía depende de ajustes institucionales y de la coordinación entre las entidades responsables.
El intendente Leonardo Monzalvo explicó que la Ley 1801 de 2016, Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, contempla medidas para intervenir ante comportamientos que afectan el ambiente y la convivencia. Según el funcionario, en San Juan del Cesar la Policía ha aplicado medidas correctivas a personas que arrojan residuos sólidos en espacios públicos y vierten aguas residuales, de acuerdo con las disposiciones legales correspondientes.
En lo corrido del año, la Policía Nacional ha impuesto aproximadamente 15.000 comparendos de los 20.000 previstos, según las cifras entregadas por el intendente. Estas sanciones corresponden a distintas conductas contrarias a la convivencia, por lo que la cifra no necesariamente se refiere solo a infracciones relacionadas con el manejo de residuos.
El procedimiento comienza cuando la Policía identifica la infracción y expide el comparendo. Sin embargo, la decisión sobre la sanción definitiva, que puede incluir una multa económica o trabajo comunitario, corresponde al inspector de Policía, ante quien debe presentarse el ciudadano.
Además de estas medidas, el cuerpo de Carabineros adelanta campañas de sensibilización para prevenir que las personas arrojen residuos en lugares no autorizados. Monzalvo reconoce que estas actividades todavía no se han socializado en todo el municipio, aunque señala que el plan estratégico de la Policía contempla un cronograma diario de servicios y actividades.
“Al tener conocimiento de los dos casos, tanto en el barrio Norte como en La Fresca, me comprometo, junto con mi zona de atención, el grupo de Carabineros y la Policía Comunitaria, a adelantar todas las acciones correspondientes para evitar que sigan presentándose este tipo de situaciones”, afirmó el intendente Leonardo Monzalvo.
Entre las medidas anunciadas están los patrullajes, los controles y las campañas de prevención para sensibilizar a la comunidad. Aunque San Juan del Cesar no cuenta con un policía ambiental, dispone de seis carabineros que cumplen funciones relacionadas con la protección del ambiente y desarrollan actividades de prevención y control.
La implementación del comparendo ambiental, por su parte, sigue pendiente de una revisión jurídica. Según la información entregada, la Alcaldía debe suministrar los formularios y demás insumos necesarios, mientras que la Policía se encargará de ejecutar las órdenes una vez concluya esta etapa.
Mientras se completa el proceso, la Policía de Vigilancia y el cuerpo de Carabineros pueden recurrir a las medidas correctivas contempladas en la Ley 1801 de 2016, Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana, para intervenir ante comportamientos que afectan el entorno. Su aplicación, sin embargo, requiere identificar las conductas que contempla la norma y seguir el procedimiento correspondiente.
Autoridades fortalecen conocimientos
El pasado 29 de mayo, Corpoguajira lideró una jornada de socialización sobre el comparendo ambiental con autoridades de 14 municipios de La Guajira. Durante el encuentro, se recordó a los funcionarios sus responsabilidades legales y se explicó la clasificación de las infracciones en cuatro niveles, del tipo 1 al 4, según la cual se establecen las multas correspondientes.
“Esta socialización resulta muy importante, debido a las dificultades que enfrenta el municipio de San Juan del Cesar para aplicar la norma”, explicó José Banquet, ingeniero de la Secretaría de Planeación municipal.
Para Banquet, el encuentro también puso de manifiesto la necesidad de revisar y actualizar la reglamentación municipal y de contar con personal policial especializado que fortalezca las labores de control ambiental.
Sobre los compromisos que quedaron pendientes, el ingeniero señaló que la Secretaría de Planeación debe elaborar el borrador del nuevo acuerdo y adelantar el trámite para presentarlo ante el Concejo Municipal. La aplicación de la norma actualizada dependerá, por tanto, de que la propuesta avance en ese proceso y sea aprobada.
La gestión de los residuos también incluye jornadas de recolección posconsumo. El pasado 24 de septiembre, Corpoguajira lideró la decimosegunda edición de esta actividad, en la que San Juan del Cesar funcionó como centro receptor para el sur del departamento. Durante la jornada se recibieron residuos que requieren un manejo especial, como aparatos eléctricos y electrónicos, medicamentos vencidos, aceite de cocina usado y luminarias LED.
“ Aprovechamos estos eventos para recalcar e insistir en que debemos tener conciencia ciudadana y darles un manejo adecuado a los residuos”, concluye el ingeniero.




