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El cambio climático, una amenaza más para que Tadó acceda a agua potable

Carlos Mayorga
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Consonante es un laboratorio de periodismo que combate el silencio informativo en Colombia.
Más de 19 mil habitantes del municipio están en riesgo ante súbitas sequías o inundaciones, pero las autoridades no han implementado un plan de atención de emergencias y el comité de desastres actúa únicamente en respuesta a contingencias. El cambio climático puede agravar los fenómenos de El Niño o La Niña y, con ellos, se pone en riesgo la seguridad alimentaria y empeora el acceso de las familias al agua potable. La situación compromete la salud de sus habitantes, al exponerlos a enfermedades hídricas.
¿Cómo se hizo este trabajo?
Conversamos con familias y profesionales de la salud y la empresa de servicios públicos del municipio de Tadó. Consultamos informes de la FAO y del Ministerio de Ambiente.

Cuando las lluvias arrecian con fuerza en el municipio de Tado, al sur de Chocó, los ríos crecen y se pierden los cultivos de chontaduro, plátano y caña de azúcar de comunidades afro e indígenas. Las familias afectadas, que han producido esos cultivos con pocos recursos, no tienen cómo recuperarse de estas contingencias humanitarias. Cuando el agua inunda todo, lo único con lo que hacen frente al hambre son los kits de ayuda humanitaria con los que llega el Estado, insuficientes de todos modos.

Con las olas invernales, en los últimos años, varios vendavales se han llevado los techos de viviendas y escuelas. El más reciente tuvo lugar el pasado domingo 19 de abril, cuando en horas de la madrugada las familias fueron sorprendidas por fuertes vientos que arrasaron con la cubierta de varias viviendas, afectando especialmente la estructura metálica que recubre la cancha sintética de fútbol del municipio. 

Pero la situación se vuelve más crítica cuando deja de llover. En Tadó, cuando pasan más de tres días sin precipitaciones, la escasez de agua empieza a sentirse en los hogares porque, como dicen los tadoseños, “el suministro del cielo” ya no alcanza para abastecer los tanques de las familias. Además, la planta de agua de la empresa municipal de servicios públicos deja de surtirse del arroyo Santa Catalina y debe recurrir a la captación por bombeo del río Mungarrá. Sin embargo, esta tarea se dificulta cuando el río está enlodado por las actividades de minería ilegal y la deforestación. A la sequía se suman, además, los intensos calores que agobian a la población.

Para Luz Mila Mosquera, madre de familia que vende comida rápida en el barrio Escolar, la gestión del líquido se complica y se suman costos que se vuelven insostenibles. “Las lluvias no abastecen los tanques y nos toca comprar bolsas de agua para hacer alimentos y para tomar. Cada bolsa de agua de siete litros nos cuesta tres mil pesos. Quien tiene cómo llenar un tanque de dos mil litros le toca pagar entre 80 mil y 160 mil pesos. Esta agua no dura mucho porque toca hacer todos los oficios domésticos como lavar ropa, hacer uso en los baños y preparar alimentos”, cuenta. 

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En lo corrido del 2026, tuvo lugar el episodio más grave de sequía en el municipio a finales del mes de marzo. Las familias empezaron a comprar agua en bolsas que con el tiempo escasearon, algunos comerciantes empezaron a ofrecer a 80 mil pesos tanques de dos mil litros de agua que recogían de una quebrada a tres kilómetros de la cabecera municipal. Las familias con menos recursos, se movilizaban en mototaxis hasta el balneario Playa de Senen, para recoger agua de “el chorrito”, un tubo de PVC clavado en la peña de donde, como si fuera un milagro, escurre agua.

“Nos sentimos más seguros tomando esta agua del chorrito porque no vemos contaminantes como se ve en el río Mungarrá, donde el acueducto se abastece por bombeo, pero es una agua enlodada que podría tener metales y otras cosas que arrastra la minería”, señaló una madre de familia del barrio Reinaldo que pidió reserva de su nombre.

La situación fue tan grave que obligó a la entidad municipal a desplegar el cuerpo de bomberos de Tadó para llevar agua los días 22 y 23 de marzo de 2026 a los barrios de Villas del Remolino, Las Torres, Reinaldo, entre otros. Además, también tuvieron que asistir a varios establecimientos de comercio, especialmente restaurantes, para que pudieran operar.

Estas variaciones llevan a la comunidad a preguntarse cuál es su relación con el cambio climático. Los estudios lo confirman: en esta región —como tantas otras del país— los días ahora son más calurosos, las lluvias ya no vienen en los meses de siempre y los periodos de sequía o llovizna ahora arremeten con mayor fuerza. Los efectos de una economía basada en los combustibles fósiles, junto a la deforestación y economías extractivas, muestran graves consecuencias a nivel mundial y, según los análisis, el departamento de Chocó es particularmente sensible a los cambios climáticos, lo cual se ve reflejado en periodos más extremos de sequía y lluvia.

Análisis sobre las precipitaciones que tendrán lugar en Chocó señalan que el 86 por ciento del departamento experimentará tanto incrementos y reducciones cercanas al 10 por ciento de lluvias hasta el 2040, “lo que significa situaciones más críticas asociadas tanto a sequías como inundaciones, pero también a fenómenos como vendavales y deslizamientos de tierra”, resalta el Ministerio de Ambiente en un informe de 2015. 

Los cambios naturales de temperatura en el Pacífico ecuatorial son otro factor que agrava el panorama, y para este año la tendencia que reveló el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) es un calentamiento de las aguas del Pacífico superior a dos grados —lo que se conoce como el fenómeno de El Niño— para el segundo semestre del año.

Según varios expertos, podría tratarse de un fenómeno de sequía y bajas precipitaciones tan intensas como no se habían registrado en más de 100 años y que también podrán afectar a la región del Pacífico. Si bien fenómenos como La Niña y El Niño no son producto del cambio climático, los expertos advierten que este puede alterar la intensidad, frecuencia y duración de los fenómenos.

Para el oriente de Tadó —así como para el suroriente de Bagadó y el nororiente de San José del Palmar—, el Minambiente advierte afectaciones aún mayores por el cambio climático en comparación con el resto del departamento: un aumento de lluvias que podrían alcanzar el 20 por ciento de los récords habituales. Una situación crítica que podría impactar los niveles de los dos principales afluentes del municipio: los ríos Mungarrá y San Juan. A esto se suma la ausencia de sistemas de acueducto y saneamiento eficientes que convierte el exceso de agua en un riesgo. Además, las inundaciones destruyen cultivos, contaminan fuentes hídricas y agravan la pobreza en la región.

A pesar de recientes iniciativas como plantas potabilizadoras que benefician a miles de habitantes, estas soluciones siguen siendo insuficientes para una problemática estructural que afecta a la mayoría del territorio. Tadó refleja la realidad de muchos municipios donde el acceso al agua segura aún depende de proyectos aislados y no de políticas públicas sostenibles.

Agua de más, pero no apta para consumo

Aguas de Tadó, la empresa de servicios públicos del municipio, reconoce que, aunque el servicio cubre a una parte importante de la población, aún faltan varios hogares. “El casco urbano tiene una cobertura del 80 por ciento”, aseguró Emilcen Kury, gerente de la empresa, señalando que no tiene injerencia en el servicio en zona rural.

Las últimas estimaciones que realizó la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios confirman esto: más del 75 por ciento de los hogares en Tadó cuentan con cobertura de acueducto a nivel urbano. En la zona rural, esa cifra llegaría al 90 por ciento. Sin embargo, aunque buena parte del municipio cuente con la infraestructura necesaria para llevar agua a los hogares, varios líderes no se fían de la potabilidad del líquido. Además, no es un servicio continuo. A pesar de las promesas, no ha llegado a las 18 horas diarias que les prometieron a las familias. 

Aguas de Tadó capta agua por gravedad de la quebrada Santa Catalina y a través de bombeo del río Mungarrá durante unas ocho horas diarias —aunque si se va la luz o el río está muy crecido, no opera—. La empresa señala que realiza los procesos químicos para potabilizar el agua recogida. Sin embargo, la comunidad cuestiona que la infraestructura que va más allá de la planta de tratamiento, hacia los hogares del municipio, sea vieja y señala que esto está comprometiendo la calidad del líquido que llega a las familias.

Consonante le consultó a la Alcaldía de Tadó cuál es el actual porcentaje en el cubrimiento de hogares que a la fecha cuentan con agua potable en zona rural y urbana del municipio, pero no se obtuvo respuesta. En 2024, un estudio del Clúster de Agua, Saneamiento e Higiene (WASH) en Colombia —liderado por Unicef— precisó que el 75 por ciento de los hogares de 20 departamentos usan fuentes de agua sin tratar; uno de estos es Tadó. 

Adonice Copete, presidente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal en Tadó, resaltó que persiste el consumo de agua sin tratar en las familias del municipio. “El uso del agua de lluvia es la única opción que nos queda; el consumo se hace sin hervirla y en muchos casos se limita a labores domésticas. Cuando no llueve, la situación empeora: no hay agua suficiente ni siquiera para las necesidades básicas”, asegura.

Antonio Arcedilio Moreno, técnico en sanidad y pensionado del hospital San José de Tadó, explicó que los riesgos directos de consumir agua sin tratar van desde síntomas febriles o disentería; hasta tifoidea o hepatitis.“La falta de una planta potabilizadora de agua permanente en el Chocó, especialmente en Tadó, tiene a la población en riesgos de poder presentar enfermedades hídricas”, señala.

Una médica del hospital San José de Tadó, que pidió la reserva de su nombre, indicó que las enfermedades de origen hídrico que padecen las familias del municipio están asociadas a bacterias y parásitos que pueden causar cólera, fiebre tifoidea y amebiasis. “Algunas infecciones pueden volverse persistentes o dejar secuelas intestinales, así como afectar el hígado y los riñones”, advierte.

En los últimos años, la gestión de agua potable ha tenido algunos avances en el departamento, tanto por la inversión estatal, como privada. La Empresa Nacional Promotora del Desarrollo Territorial S.A. (EnTerritorio) —antiguo Fonade— y Minvivienda, en marzo de 2021, entregaron un proyecto para que 550 hogares del municipio tuvieran acceso a agua potable y redes sanitarias. De otro lado, desde abril del año pasado, la Fundación Coca-Cola, la fundación costarricense Aliarse y la Fundación Solidaridad por Colombia pusieron en funcionamiento una planta potabilizadora con la capacidad de convertir hasta 32 mil litros de agua lluvia en agua potable. La obra quedó bajo la administración de la Institución Educativa Normal Superior Demetrio Salazar de Tadó.

Desde 2024, Consonante identificó en el sistema de contratación pública dos contratos diseñados por la Alcaldía para optimizar el servicio de agua del municipio, que sumados superan los mil millones de pesos, dirigidos, principalmente, para el corregimiento de Carmelo y las comunidades indígenas de Farallones y Cañaveral. Años atrás, aparecen en el sistema otros proyectos de optimización, como los del corregimiento de El Tapón, la Bocatoma Santa Catalina y El Tabor, pero nada indica que efectivamente se celebraron y terminaron.

Por competencia, le corresponde al municipio garantizar la prestación eficiente de los servicios públicos básicos como lo es el acueducto, alcantarillado y aseo. A finales de 2022, Aguas de Chocó llevó a cabo una licitación para la elaboración de los planes de gestión de riesgo de desastres de los prestadores de estos servicios en 18 municipios del departamento, con el objetivo de garantizar la continuidad y sostenibilidad de los servicios de agua potable y saneamiento básico ante posibles eventos de desastre.

La empresa Ingamcil Consultores S.A.S se quedó con el contrato y para Tadó se planteó unos honorarios cercanos a los 10 millones de pesos para entregar estos estudios. Consonante le consultó a la Alcaldía si la entidad utilizó estos estudios y tiene listo un plan de respuesta para atender el cambio climático y otras contingencias naturales para el futuro de Tadó, pero a la fecha de publicación de este reportaje no dio respuesta. 

La Ley 1523 de 2012 es el principal marco legal que establece las rutas de alerta temprana y atención de desastres en Colombia; sin embargo, en Tadó y otros municipios del Chocó, los organismos de socorro como la Defensa Civil, la Cruz Roja y el cuerpo de bomberos se quejan de no contar con los elementos necesarios para realizar sus labores.

Alimentación en riesgo

El sector agropecuario afronta una especial sensibilidad frente a los cambios del clima, siendo aún peor si estos ecosistemas están degradados por la deforestación o la minería. Con la amenaza climática, no solo se pone en riesgo el bienestar de las familias afro e indígenas del departamento en relación con la ingesta de alimentos, sino que, sin producción agrícola, las familias dejan de recibir ingresos de subsistencia.

Por tradición, Chocó ha sido descrito por varios autores como el departamento más lluvioso de Colombia; incluso compite por el primer lugar a nivel mundial. La precipitación en el departamento del Chocó oscila entre los ocho mil y los 12 mil mililitros al año. La geografía marcada por la Serranía del Baudó y la Cordillera Occidental, sumada a la vegetación exuberante y a los vientos húmedos del Océano Pacífico, contribuye a la presencia de grandes cantidades de vapor de agua y núcleos de condensación.

Según un trabajo de maestría de la Universidad Nacional, en el departamento las precipitaciones de lluvia en el centro y sur del departamento se han caracterizado por ser constantes durante todo el año, mientras que en el norte se presentaba una marcada temporada de sequía entre enero y marzo. Por su parte, en un estudio de 2024, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que en todo el departamento la temporada de lluvia tiende a ser homogénea, con precipitaciones mayores durante el segundo y cuarto trimestre del año. 

Fuente: FAO.

Lo cierto es que las lluvias que se presentaron en el pasado mes de febrero en el departamento fueron más fuertes de lo normal. Siete municipios entraron en alerta con la cifra de cinco mil familias damnificadas, entre ellas, las de Tadó. Esto llevó a las autoridades a advertir riesgos extremos de deslizamientos en este municipio y otros 14 del departamento.

No es una situación nueva. En realidad, resulta cíclica. En octubre del año pasado, las fuertes precipitaciones afectaron a 15 municipios de Chocó, dejando un saldo de dos mil familias afectadas. Pero tal vez la más nefasta de estas crisis se vivió en noviembre y diciembre de 2024, cuando los ríos Atrato, San Juan, Baudó y sus afluentes se desbordaron: 27 de los 31 municipios presentaron afectaciones, con un saldo de damnificados cercano a las 215 mil personas. 

Crisis humanitaria en Chocó, noviembre a diciembre de 2024. Fuente: Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha).

“En la subregión del San Juan, entre el 9 y el 16 de noviembre, se reportó doble afectación debido a la declaratoria de paro armado por parte de un Grupo Armado No Estatal que restringió la movilidad para más de 21.000 personas”, advirtió la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha) en un informe de 2024. 

Normalmente, para Chocó, el fenómeno de El Niño ha sido más notable en el primer trimestre de cada año, mientras que los efectos de La Niña se acentúan en el primer y cuarto trimestre, con un aumento de la precipitación de las lluvias. A esa conclusión llegó la FAO con un estudio que realizó hace tres años, con datos climáticos del Ideam. 

“La mayoría de desastres asociados con eventos hidrometeorológicos registrados para el departamento de Chocó entre los años 1975 y 2020 son inundaciones, vendavales, deslizamientos y avenidas torrenciales en menor medida”, señala en el informe. 

Tadó, según ese estudio, sería el municipio de la subregión del San Juan que presentaría el menor riesgo por el cambio climático, sin embargo, a pesar de que la organización estima que las áreas de menor vulnerabilidad serían las fronterizas con la Cordillera Occidental —como lo es Tadó—, en todo caso el informe advierte un impacto climático para todo el departamento en el que podrán verse perjudicados los cultivos de pancoger, así como los monocultivos debido al estrés térmico en el que se verían sumidas las especies.

Fuente: FAO.

Este impacto puede perjudicar o impulsar ciertos cultivos o productos. Por ejemplo, la producción de arroz, caña, carne bovina y café se mantendría o aumentaría; mientras que el cacao se perdería en un 32 por ciento en varias de las zonas que hoy lo cultivan y se desplazaría la producción al norte del departamento.“Las zonas óptimas de cultivo para el maíz, la palma o la cebolla serán desplazadas, a la vez que se expanden hacia la zona central del departamento, zona en la cual los escenarios pronostican cambios más moderados”, señala la FAO.

La FAO reconoce en Tadó una capacidad adaptativa positiva, pero aún frágil —como el resto de Chocó—. En cuanto a la biodiversidad, observa favorablemente el número de áreas de agricultura familiar del departamento, pero recomienda aumentar el registro de áreas de conservación. Frente al agua, recomienda trabajar en una mayor protección del recurso y pensar en el desarrollo de distritos de riego. Ante los riesgos alimentarios, señala que las apuestas de asociatividad son de las mayores ventajas que tiene el Chocó, pero el resto de factores —como la asistencia técnica o la conservación de suelos— son débiles.

Los chocoanos tendrán que adaptarse. Crear nuevos patrones de cultivo, restaurar las cuencas hidrográficas y establecer zonas para la retención de inundaciones. La FAO recomienda adoptar construcciones para la prevención de desastres e incluso proyectar la reubicación de hogares y fincas. Además, las autoridades deben mapear los impactos y zonas de peligro para planificar gestiones ante las variaciones climáticas.

*Consonante le envió un derecho de petición al Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio para conocer qué proyectos y obras está ejecutando y elaborando el Estado para garantizar el saneamiento básico y agua potable de la zona urbana y rural del municipio de Tadó de cara a los retos del cambio climático, pero a la fecha no se obtuvo respuesta.

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