En la carrera La Esperanza los días transcurren sin mayores alteraciones. Bajo el sol guajiro los vecinos caminan, los mototaxis y motocicletas pasan a toda velocidad, los niños juegan, sin imaginar que a pocos metros se encuentra el patrono de San Juan del Cesar. Por una ventana entreabierta se alcanza a ver en una esquina al pequeño infante San Juan Bautista, inmóvil, silencioso y vigilante. Vestido con una túnica azul celeste adornada con detalles dorados, sostiene en una de sus manos un pequeño escapulario y en la otra una vara rematada por un estandarte blanco.
Esta imagen llegó desde España en 1701, y meses después, el 24 de junio, día de San Juan Bautista, el municipio se fundó y adoptó el nombre de su patrono. 325 años después, el santo reposa en la casa de los Urbina, sus custodios desde hace 83 años. Una familia fiel a la religión católica, cuya devoción se transmitió de padres a hijos.
César Urbina, sobrino bisnieto de algunos de los custodios iniciales, destaca el valor histórico y espiritual de la imagen, que con el paso de los años se convirtió en un símbolo de fe y tradición, siendo conocida cariñosamente por los habitantes como “San Juan Bautista, el Chiquito”.
El pequeño San Juan Bautista encontró refugio en la familia Urbina por azares de la vida. Ellos decidieron conservarlo cuando otros pensaban que ya había cumplido su tiempo. Lo rescataron del olvido y, sin saberlo, también rescataron una parte de la historia de San Juan del Cesar. Por eso, quienes llegan hasta esta casa no encuentran solamente una imagen religiosa, sino que encuentran un guardián. Un niño de madera que ha contemplado el paso de más de trescientos años.
Esta imagen fue tallada en madera hueca; sus brazos y piernas fueron elaborados en yeso; lleva una corona de oro y un báculo de plata. De acuerdo con investigaciones realizadas por César Urbina, la madera utilizada corresponde, muy probablemente, a pino de flandes o pino de soria, materiales ampliamente usados en la imaginería barroca española por sus cualidades, ya que permitían a los escultores lograr un nivel de detalle extraordinario en los rostros, manos y pliegues de la vestidura.
El rescate de El Chiquito
La llegada de la imagen de San Juan Bautista a la casa de la familia Urbina ocurrió en medio del proceso de renovación de la iglesia parroquial de San Juan del Cesar a mediados del siglo XX. Impulsados por el crecimiento demográfico de la población y la necesidad de contar con un templo más amplio y acorde con las nuevas exigencias pastorales, los feligreses y el párroco de la época emprendieron la tarea de remodelar el templo. Estas obras no solo mejoraron su infraestructura, sino también parte de su patrimonio devocional.
Nuevas imágenes y elementos litúrgicos llegaron. En ese entonces la parroquia era la casa de El Chiquito, pero la imagen fue reemplazada por una nueva representación del santo en su etapa adulta, donada por Fernando Molina Manjarréz, motivado por la devoción que este le tenía al santo, quien en varias oportunidades le hizo milagros.
Fernando Molina Manjarréz, un sanjuanero que hizo su vida en Fundación, Magdalena, atribuyó a San Juan Bautista el milagro de encontrar trabajo y de prosperar económicamente. Según recuerda su sobrino, Santo Carrascal, aquella gratitud se transformó en una promesa: donar una nueva imagen del patrono para su pueblo natal.
“Él habló con un amigo antioqueño, Luis Eduardo Cadavid, que era de Medellín. Cadavid fue a visitar a la familia en Fundación y le dijo que le averiguara si había imagen de San Juan Bautista. Cadavid regresó como a los 10, 15 días, y le trajo el dato de que sí lo había y que costaba $33.000, y mi tío lo mandó a comprar”, cuenta Carrascal.
Él fue quien recibió la tarea por parte de su tío Fernando de llevar la imagen desde Fundación Magdalena hasta San Juan del Cesar.
“No había cómo traerlo, y se pagaron cinco pasajes en un bus con tal de traerlo. Aquí vine y se lo entregué al padre Manuel Antonio Dávila”, relata Santo Carrascal.
Para Carrascal traer esta imagen significó mucho, sus padres desde niño le inculcaron a él y a sus hermanos la devoción por el santo y el respeto hacia la iglesia católica. “Nos llevaban a todas las misas, a todas las procesiones. Le besamos el anillo al obispo. Por eso, desde que arrancó el bus, donde traía yo la imagen, venía contento porque sabía lo que significaba para los sanjuaneros y que lo iban a recibir bien, pero no fue así como yo pensaba”.
La llegada de esta imagen al municipio estuvo marcada por tensiones. Los pobladores de la época, fieles creyentes y devotos de San Juan Bautista, permanecieron durante un tiempo aferrados a la imagen de “El Chiquito”. La nueva representación del santo era vista como algo ajeno, una imagen reciente a la que aún no le tenían devoción ni confianza. “Pero el padre Dávila ponía a los dos, el grande y el pequeño, el día del patrón. Y poco a poco fue convenciendo a la gente”, dice Carrascal.
Poco a poco, la imagen nueva fue ocupando el lugar central en las celebraciones hasta que, finalmente, “El Chiquito” dejó de ser parte de la festividad principal. Desde entonces, la figura del santo grande quedó como la única imagen oficial en la celebración del patrono, marcando un cambio definitivo en la tradición religiosa del municipio.

Hace 80 años se tomó la decisión de retirar de la iglesia tanto la imagen de San Juan Bautista como la de la Virgen Inmaculada Concepción.
“Los dos santos se los iban a llevar al cementerio y los iban a quemar”, recuerda la señora Gloria Urbina.
Esta decisión respondía a una práctica que, según la tradición religiosa de la época, buscaba dar un destino digno a los objetos sagrados. “Existe un Heráclito sobre la renovación a través de las cenizas. Como dice la Biblia: ‘polvo eres y al polvo volverás’. Por eso consideraban que las imágenes debían quemarse cuando cumplían su ciclo”, explica César Urbina.
Cuando se enteraron de esta decisión, tres integrantes de la familia Urbina, fieles religiosos y devotos de San Juan Bautista “El Chiquito”, le pidieron a la iglesia que les permitiera llevarlo a su casa en la calle La Esperanza, junto con la representación de la Virgen de la Inmaculada Concepción. “Los tíos de mi papá, Joaquín Urbina ‘Juaco’, Beatriz ‘Tati’ Urbina e Isabel ‘Chave’ Urbina, dijeron que no los fueran a quemar, que ellos se los traían para la casa y se hacían cargo de los santos”, dice Gloria Urbina.
Hoy en día, la imagen es valorada por César Urbina y su tía Gloria como una misión de seguir cultivando, manteniendo y preservando la historia de su pueblo. Según relatan, los tres hermanos que decidieron custodiar la imagen eran muy religiosos y cercanos a la iglesia. Sin imaginarlo, aquel gesto de salvar unas imágenes religiosas del fuego terminó preservando una reliquia que hoy sigue contando la historia de un pueblo.
Desde entonces, la figura de San Juan Bautista quedó bajo su protección, convirtiéndose en un símbolo de identidad familiar y comunitaria. “Para mí, tener a San Juan Bautista es la protección de la familia”, afirma Gloria Urbina.
De ser el santo del pueblo, pasó a convertirse en un integrante más de la familia. Diferentes generaciones han estado a cargo de su custodia. Inicialmente fue cuidada por los tres hermanos que la rescataron. Tati, Juaco y Chave, hasta llegar a quienes hoy lo protegen: Gloria, Yesit, César y Paula, quienes actualmente residen en este hogar.

Cuando “El Chiquito” llegó a la casa de los Urbina, encontró refugio en la habitación de Isabel “Chave” Urbina. Durante años permaneció sobre una pequeña mesa de noche, al lado de su cama, ocupando un lugar íntimo dentro de la vida familiar. “En las fechas de junio se sacaba a la sala y se ponía al frente del cuadro del Corazón de Jesús, que también es viejísimo de estar aquí. Más de cien años tiene ese cuadro. Pero ahora lo ponemos ahí, cerca de la ventana, para que la gente que pase pueda verlo”, relata César Urbina.
Para esta familia, la custodia de San Juan Bautista “El Chiquito” es una responsabilidad heredada a lo largo de generaciones y un compromiso con la preservación de la memoria de San Juan del Cesar. “San Juan Bautista es la historia de un pueblo”, afirma César Urbina.
Con esa convicción, la familia ha asumido la tarea de conservar no solo la imagen, sino también el legado que representa. “Seguir cultivando, seguir manteniendo y preservando una historia de un pueblo que a través del tiempo se va perdiendo. A los jóvenes de pronto no les interesa o ni siquiera se les ocurre. Mi misión es transmitir que a través de la primera imagen de San Juan Bautista que se encuentra en mi casa yo puedo seguir preservando esa historia”, agrega.

La fe que calma la tormenta
San Juan del Cesar se ha caracterizado por tener una gran devoción por sus santos. San Juan Bautista junto con la Virgen Inmaculada Concepción fueron los primeros santos que tuvo este municipio. Con el tiempo se creó una relación entre ellos y los pobladores de la época, especialmente con el Bautista, a quien las personas acudían para pedir sanación, productividad en el campo, calma a las tempestades y a las altas temperaturas.
De voz a voz se han compartido historias sobre los favores atribuidos al santo. Una de las más recordadas es la vez que durante una creciente del río Cesar que amenazó las primeras calles del pueblo, los habitantes sacaron la imagen a la vía principal para pedir su intervención. “Hay una leyenda que dice que el río de aquí se desbordó e, incluso, pasaba por las primeras calles de San Juan. Entonces les tocó sacar a San Juan Bautista, ponerlo en la mitad de la calle y se aplacó la lluvia, la tempestad, la brisa y el río volvió a su cauce. Eso también lo vivimos aquí en la casa cada vez que hay una tempestad”, relata César Urbina.
Cada vez que en el municipio cae un fuerte aguacero, a Gloria Urbina le suena el teléfono. Del otro lado de la llamada se encuentra alguno de sus vecinos, amigos o conocidos, quien, asustado por la tempestad, le sugiere que saque la imagen de San Juan Bautista para que aplaque la lluvia.
“Rafael Gutiérrez es uno de los que me llama y me dice: Golli, saca a San Juan Bautista que está haciendo mucha brisa, mucha tempestad; y nosotros lo sacamos. Y eso es verídico: calma la tempestad y la aplaca. Y al revés pasa también cuando están intensos los calores; él también ha hecho que llueva en San Juan”, cuenta Gloria Urbina. Cuando eso pasa, Gloria ubica al santo en una
Captura de WhatsApp César Urbina y un familiar. manifestando que están protegidos por San Juan Bautista el infante.
El San Juan del pasado y del presente
El día del jubileo de la diócesis de Valledupar, la distancia se rompió entre el pequeño infante y la imagen adulta de San Juan Bautista. “El Chiquito” salió de la casa de los Urbina, donde permaneció durante generaciones, para mostrarse como la imagen religiosa más antigua del municipio. “Llevaron las imágenes más antiguas de cada parroquia y allá nombraron que esta es la más antigua de la diócesis porque tiene 325 años”, dice la profesora Sairis Coronel.

En los últimos años, cada 24 de junio en el aniversario de San Juan del Cesar, la procesión con el San Juan Bautista adulto atraviesa las calles. Los cargueros levantan con firmeza al patrono y lo hacen girar. El santo parece danzar sobre la multitud. Algunos aplauden, otros levantan las manos y otros rezan en silencio. La banda aumenta el ritmo y el pueblo entero acompaña el movimiento en un gesto para los sanjuaneros simboliza la alegría de volver a encontrarse con quien ha acompañado la historia del municipio durante años.
Al llegar a la carrera La Esperanza la tradición se divide en dos tiempos: el presente, que acompaña al patrono entre cantos y plegarias, y el pasado, con El Chiquito que desde la entrada de la casa de los Urbina saluda a los creyentes.

“Yo he participado en la organización de las fiestas, y ese momento del encuentro de San Juan Bautista es muy especial para mí. Cuando las imágenes se encuentran en esa esquina se me eriza la piel, como una sensación espiritual difícil de explicar es un momento de mucha fe y respeto, que uno vive en ese momento”, dice la profesora Sairis Coronel.
La escena es tan importante para los sanjuaneros, que el compositor Máximo Móvil la inmortalizó en una de sus canciones: “Siempre el veinticuatro de junio a eso de las cinco de la tarde, la procesión del Bautista está en la calle. Va el padre diciendo salve por la calle del Embudo”.
Al caer la tarde San Juan Bautista regresa a la iglesia, mientras que El Chiquito regresa a su rincón en la casa de los Urbina, viendo pasar la vida de San Juan a través de la ventana, mientras espera con paciencia la llegada del próximo 24 de junio para recordarle a los sanjuaneros que él también tiene un lugar en la memoria del municipio.






