En los extensos predios de San Vicente del Caguán, donde la selva y la agricultura se entrelazan, muchas mujeres viven rodeadas de tierra sin poder acceder plenamente a ella. Las desigualdades históricas en la tenencia y el uso del suelo han limitado sus posibilidades de producir, decidir y permanecer en el territorio, profundizando problemáticas estructurales de exclusión, vulnerabilidad y empobrecimiento.
El más reciente informe sobre la situación de las mujeres en los sistemas agroalimentarios, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), señala que América Latina y el Caribe es la única región del mundo donde la participación de las mujeres en las actividades agrícolas ha aumentado en las últimas dos décadas. Sin embargo, este crecimiento no se ha traducido en un mayor acceso a recursos productivos ni en una presencia más sólida en los espacios de toma de decisiones.
Aun así, las mujeres han encontrado en la agricultura, la asociatividad y el emprendimiento una forma de resistir y reconstruir sus vidas, pese a las cargas adicionales que enfrentan: trabajos domésticos y de cuidado no remunerados, menor disponibilidad de tiempo, falta de recursos y barreras para acceder a trámites y apoyos institucionales.
Desde sus huertas y asociaciones, cultivan alimentos, esperanza y seguridad alimentaria para sus comunidades. Cuidar la tierra y sus semillas es, para ellas que viven en una región en conflicto, una manera de sembrar paz en San Vicente del Caguán. Por eso, esperan que se materialicen reformas legales para garantizar la propiedad conjunta de tierras; el diseño de políticas y proyectos con enfoques de género; y asistencia técnica para impulsar prácticas agrícolas orgánicas que apunten a la reforestación y el cuidado de la Amazonía.
Sembrar para vivir con dignidad
Las voces de las mujeres recorren las huertas apenas entran y saludan sus plantíos. Reconocen la identidad de cada semilla, de cada planta, flor y fruto; también sus olores y sus sabores.
“Acostumbro hablarles a las plantas, saludarlas, pedirles permiso y agradecerles, es parte de mi rutina. Les cuento mis sueños y mis preocupaciones. Es un vínculo que va más allá de lo físico; es una conexión emocional que me llena de alegría”, cuenta con orgullo Benicia Valderrama Pérez, campesina de la vereda La Unión II, mientras selecciona semillas, arregla la tierra y revisa que no haya plagas. Asegurar el alimento en su mesa, cosechado sin agroquímicos, es la principal apuesta productiva que impulsan mujeres como ella en el municipio.
Valderrama abandera el cuidado de la tierra, los animales y las semillas como un acto de resistencia y de paz cotidiana. “Tengo de todo un poquito: cultivos, pollos, gallinas y ganado. Me hace feliz saber que producimos limpio”, dice. Durante más de treinta años, se ha sostenido de la agricultura y ha generado ingresos justos con lo que pudo hacerse a la propiedad de la tierra que trabaja. Su parcela es pequeña, pero exacta para cultivar cebolla, guatila, zanahoria, cilantro y toda clase de hortalizas. A sus 52 años es una de las guardianas de semillas de su comunidad y por esa labor ha viajado a varios sitios a contar su legado y compartir semillas.
Con el uso de abonos producidos en la misma finca, las mujeres de San Vicente del Caguán mantienen prácticas agrícolas tradicionales y sostenibles. “Ecogranja se vuelve lo más natural y criollo posible”, señala con entusiasmo, Angie Constanza desde la vereda La Urella donde trabaja con sus cuatro hijos. “Las gallinas criollas superresistentes aportan huevo y carne. Aquí los niños se encargan de recoger los huevos en el galpón en un promedio de 20 cubetas por día, y es una enseñanza de manejo y de finanzas”, cuenta Aldana.
“El control de plagas de mi huerta lo hago revisando y desyerbando o aplicando ceniza desde el cogollo”, coincide Valderrama y agrega: “sostener estas huertas cuesta tiempo y dedicación”. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que las pequeñas agricultoras podrían aumentar la producción de alimentos en sus fincas en un 20 a 30 por ciento si se les da el mismo acceso a recursos y oportunidades que a los hombres. Una oportunidad de producción clave para toda la región, si se tiene en cuenta que el 48,7 por ciento de la población del municipio son mujeres (26.733), según la proyección del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) para este año.

La conservación forestal también hace parte de las apuestas de las mujeres. Angy Aldana Lavao es una mujer de 37 años de edad y, aunque ha recorrido distintos caminos para sostenerse, el campo es su elección. Junto a sus cuatro hijos y su esposo ha conectado con lo orgánico y el aprovechamiento del terreno de forma estratégica, logrando cambios en menos de ocho meses en la capa orgánica de su predio aprovechando el abono de las gallinas.
Consciente de la crisis de deforestación que ha agravado el departamento en los últimos cinco años, cuida con esmero los árboles de su finca. “Acá tenemos un sendero cercado con guadua; hemos sembrado árboles para dar sombra: achiotes, cedros, guamos, plátano y otras especies grandes”, afirma Aldana.
Para estas campesinas, la siembra sostenible empieza por cultivar “mezcladito". En sus huertas mantienen hortalizas, aromáticas y plantas medicinales “Desde el 2014 analizamos qué nuestros hijos se estaban enfermando, los llevaba al pediatra y seguían sin mejorar. Esta situación generó conciencia, logró un cambio de vida, y pasamos a una agricultura orgánica”, dice Aldana.
Con casi tres décadas de trabajo en el departamento del Caquetá, la Corporación Manigua une esfuerzos para empoderar a las mujeres y velar por sus derechos, lo que incluye el acceso a tierra, educación y salud. Nubia Yaneth Chacón Méndez, directora de la organización, resalta el papel fundamental de las mujeres a la hora de afianzar la seguridad alimentaria, ya que son las que lideran y administran la producción y preparación de alimentos para sus familias.
Además, explica que para muchas mujeres las huertas caseras son vistas como una forma de sanación y una manera de promover la salud y el bienestar integral de la familia. Sin embargo, mantener la producción en el departamento es un reto por la dificultad para transportar alimentos a raíz del mal estado de las vías.
Mercado campesino: una salida, pero esperan capacitación
Cada viernes, en el parque principal, un grupo de mujeres arma carpas y ofrece productos frescos que sacaron de la tierra o transformaron en sus casas. Entre racimos de plátano, yuca, panela, cocadas, pescado y otros alimentos; las mujeres lideran el comercio en el mercado campesino de Amercasan donde venden directamente al consumidor.
Se trata de un ingreso justo y la posibilidad de ser reconocidas como productoras experimentadas. “Nos hemos librado del intermediario y se entrega al consumidor final, cada producto”, cuenta Valderrama, quien hace varios años encontró en este modelo de mercado una forma de autonomía.
Lo mismo le pasó a Andrea Malambo, quien trae de su finca Buenos Aires, ubicada en la vereda El Reflejo, los productos. Ella, junto a su madre Jaqueline Itacue, transforma los frutos de cacao en delicias únicas: chocolate, vino, arequipe y cocadas. “Es chocolate natural amargo, tostado, molido y enriquecido con un toque de nuez moscada, clavos y canela; lo organizamos y empacamos. No trae azúcar, nada de químicos", asegura con seis años a cuestas de haber empezado a vender en ese mercado.
Las mujeres han consolidado espacios de conversación y confianza que hoy sostienen redes de amistad y ayuda mutua, convencidas de que la paz también se cultiva con manos que siembran, comparten y cuidan la vida. “Un aspecto fundamental es volver al trueque, al intercambio, y generar redes de amistad, de confianza, de conservación y de ayuda mutua. Esas conversaciones han tejido cohesión en las comunidades y han sido lideradas por mujeres, fortaleciendo los saberes”, sostiene Chacón.
Pero, como en buena parte del país, las mujeres rurales del municipio enfrentan barreras estructurales para acceder a convocatorias de apoyo productivo relacionadas con la seguridad alimentaria. Para el caso de San Vicente del Caguán, el Ministerio de la Igualdad le confirmó a Consonante que actualmente, no cuenta con ejecución de proyectos desde la Dirección para la Autonomía Económica de las Mujeres de esa entidad.
Aunque en la bolsa de otras instituciones hay programas que benefician a las mujeres rurales, la Plataforma de Organizaciones de Mujeres de San Vicente del Caguán señala que la mayoría de las campesinas carecen de conectividad estable, habilidades para el uso de tecnologías de la información y las comunicaciones y conocimientos en formulación de proyectos; lo que limita su participación efectiva en diferentes espacios de liderazgo y capacitación.
“No sé cómo presentar la propuesta, no sé cómo formular un proyecto; mientras no aprendamos, las convocatorias seguirán pasando”, lamenta una de ellas. Algunos programas exigen estar legalmente constituidas o demostrar experiencia previa en manejo de recursos, lo que restringe el acceso a organizaciones consolidadas, mujeres no organizadas o en procesos iniciales de asociatividad.
Esperan conseguir dotación de infraestructura para la conservación y transformación de productos, así como para lograr canales de comercio justo. Realizar campañas de sensibilización que destaquen la importancia de consumir productos locales, resaltando no solo los beneficios económicos para la comunidad, sino también la frescura y calidad de los productos. Aunque “utilizamos el enfriador y termos para conservar el producto, antes de la venta”, es necesario que nos brinden más garantías, así lo manifiesta Aura Timana.
Mujeres como Valderrama y Aldana esperan acceder a procesos de formación que les permitan, por ejemplo, crear y fortalecer canales de distribución, como la venta directa en mercados, el uso de plataformas digitales y los pedidos a domicilio. Esto les permitiría llegar a un público más amplio y reducir la dependencia de un solo mercado. “El uso de WhatsApp me ha permitido hacer muchas ventas en épocas de dificultad de movilidad y disminuir los gastos de transporte del producto hasta San Vicente”, agradece Valderrama.
La tierra en manos de ellos: una lucha que persiste
En San Vicente del Caguán, la desigualdad en la tenencia de la tierra sigue siendo una barrera decisiva para el desarrollo económico del campesinado del departamento. Según ha estudiado Katherine Betancourt, bióloga y zootecnista, en el territorio “hay 6.901 predios registrados que suman más de 1,1 millones de hectáreas. La mayoría de estos predios tienen entre 10 y 100 hectáreas, mientras que solo el 10 por ciento corresponde a pequeñas parcelas de menos de una hectárea, donde se concentran los productores más vulnerables”, explica la experta.
Esta situación se acentúa en las mujeres rurales. Aunque cuentan con conocimientos agrícolas, experiencia y capacidad de producir, muchas no son propietarias de la tierra que trabajan; lo que les impide acceder a créditos, convocatorias y proyectos productivos que exigen titularidad o derechos de uso formalizados.
En América Latina, las mujeres representan aproximadamente el 36 por ciento de la fuerza laboral agrícola, como lo ha precisado la FAO. Sin embargo, a pesar de su alta participación, menos del 30 por ciento de las tierras agrícolas están oficialmente tituladas a su nombre, según estimaciones que ha realizado Oxfam. En San Vicente del Caguán, esta disparidad se refleja en la necesidad de políticas que garanticen un acceso equitativo a la tierra y los recursos para las campesinas, considera Chacón.
“La mayoría de las mujeres carecemos del acceso a la tierra… muchas tenemos la capacidad, pero no tenemos en qué implementarla; la tierra sigue en manos de los hombres y eso dificulta que seamos productivas en nuestras iniciativas”, explica una lideresa de la Plataforma de Organizaciones de Mujeres que prefiere que se cite como colectivo.
Esta realidad reproduce una estructura histórica en la que las mujeres trabajan el campo, pero no poseen los medios para transformar ese esfuerzo en autonomía económica y participación plena en el desarrollo rural.
Betancourt destaca que a pesar de que la mayoría de los hogares en Colombia son sostenidos por mujeres, el acceso a la tierra sigue siendo muy desigual. Persisten barreras significativas para que las mujeres accedan a tierras, recursos económicos, capacitación técnica y mercados justos. “La tierra es el medio de producción de alimentos y debería estar en manos de las mujeres tanto como de los hombres. Sin embargo, incluso cuando van en pareja a titular, el registro casi siempre queda a nombre de él”, señala.
A través del Plan Nacional de Desarrollo (2022-2026) el gobierno nacional se planteó dinamizar la compra de tierras para mejorar la equidad y fomentar proyectos productivos, para eso la Agencia Nacional de Tierras (ANT) priorizó cuatro núcleos, pero el Caquetá no fue incluido en ninguno.
A pesar de que San Vicente del Caguán no hace parte de las regiones priorizadas de la reforma agraria, Ana María Morales Rengifo, enlace de Mujer Rural y Enfoque Diferencial de la ANT, le precisó a Consonante en una respuesta escrita que la entidad ha realizado entregas de tierras en Caquetá dirigidas a mujeres rurales, gestión a la que venía apostando incluso antes de la expedición del Decreto 1396 de 2024, con el que la autoridad de tierras y el Ministerio de Agricultura desarrollaron un programa especial de adjudicación de tierras para las mujeres.
Sin embargo, la entidad le reconoció a este medio que la falta de datos desagregados por género, municipio y tipo de proyecto limita el monitoreo y evaluación de cuántas tierras efectivamente son entregadas a mujeres, y cuántas de esas mujeres logran activar proyectos productivos a largo plazo. Aún así, en los últimos cinco años expone resultados que priorizan la adjudicación y formalización de tierras a mujeres rurales en el municipio.
Entre 2020 y 2025 se han formalizado 5.340 hectáreas de pequeña y mediana propiedad rural a favor de 113 mujeres campesinas de San Vicente del Caguán, mediante título individual y colectivo, predios que ya están inscritos ante la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos (Orip). El 2023 fue el año con mayor avance, con 75 mujeres beneficiarias de tierras.
Adicionalmente, los años 2023 y 2025, 34 mujeres recibieron la formalización de 1.509 hectáreas en el municipio, que se encuentran en proceso de registro ante la Orip. Otras 20 mujeres han sido beneficiarias de 360 hectáreas a través del Fondo de Tierras —mediante la materialización de subsidios integrales de tierra y la asignación de derechos de predios fiscales patrimoniales y baldíos—, también pendientes de registro.
“El avance es positivo en términos de reconocimiento, normatividad y alguna intervención concreta en Caquetá, pero moderado en cuanto a cobertura, impacto y transformación estructural”, reconoce Luz Stella Noreña Guevara, coordinadora de la Unidad de Gestión Territorial Amazonía de la ANT, en una respuesta escrita a este medio. “Hay avances visibles, pero todavía queda mucho camino para que el acceso de mujeres a la tierra en Caquetá sea equitativo, sin obstáculos y con titularidad garantizada”, agrega la funcionaria.
La Territorial Amazonía de la autoridad de tierras ha trabajado en veredas como Brisas de la Tunia y El Turpial, implementando lineamientos institucionales para la inclusión obligatoria de la mujer en los procesos de titulación, resultando en títulos conjuntos para ambos miembros del hogar. Actualmente, la entidad tiene diez resoluciones de adjudicación a mujeres en trámite, equivalentes a unas 668 hectáreas.
Con la formalización de la tierra, la entidad le ha apostado a la transformación de economías locales a través del desarrollo de proyectos productivos, de soberanía alimentaria y de generación de ingresos, sin embargo, la entidad reconoce que la articulación interinstitucional —con entidades de crédito, de desarrollo productivo cooperativas o programas de mujer rural— requiere fortalecimiento para que las mujeres tituladas “puedan realmente aprovechar la tierra, lo cual en zonas como San Vicente del Caguán es más desafiante”, señala Noreña.
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Además, la complejidad técnica, catastral y jurídica de los predios —baldíos, en proceso de verificación, Zonas de Reserva Campesina o zonas afectadas por conflicto— genera demoras en los procesos de adjudicación y titulación, lo cual afecta que las mujeres puedan acceder rápidamente. “La presencia de amenazas a la seguridad, debilidad de infraestructura, acceso limitado a servicios básicos o vías rurales dificulta que la tierra titulada se convierta en una plataforma productiva para las mujeres”, explica la ANT.
Inversión interseccional que necesita germinar
A pesar de la participación de diversas entidades y estrategias para impulsar el desarrollo agropecuario y económico, con enfoque sobre las mujeres y la conservación del medio ambiente, desde las fincas esperan recibir más apoyos.
Con el Acuerdo de Paz, el departamento quedó priorizado para recibir inversión y alcanzar la reactivación económica y social en zonas rurales afectadas por el conflicto. La Agencia de Desarrollo Rural (ADR) ha buscado gestionar la reforma rural en la región a través de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (Pdet) y, según le confirmó a este medio, San Vicente, como municipio Pdet, tiene en ejecución ocho iniciativas bajo la estrategia "Proyectos Productivos Integrales", enfocados en la reactivación económica y la producción agropecuaria. Estas iniciativas son gestionadas directamente por el Ministerio de Agricultura, universidades y otras entidades del Estado.
Sólo dos de los ocho proyectos cuentan con un enfoque de género específico, uno liderado por el Ministerio de Agricultura y otro por la administración municipal. Ambos apuntan a fortalecer la cultura cacaotera “con enfoque de inclusión y cadena de valor” para mejorar la productividad y rentabilidad económica de los cultivadores del fruto del municipio. Ante el desbalance del proyecto, la ART aclaró que los proyectos Pdet se diseñan desde un enfoque "territorial y no poblacional" con el fin de beneficiar en general al territorio.
A pesar de esto, la ART resalta los avances del Plan de Fortalecimiento de Capacidades Comunitarias adoptado en 2023, que ha incluido encuentros subregionales, círculos de género y diplomados para mujeres rurales y lideresas. Sin embargo, en San Vicente del Caguán, la entidad cuenta con tres proyectos productivos bajo su cargo, dos de ellos aún en estructuración, pero ninguno está caracterizado bajo la etiqueta de género.
Oscar Zapata, de la Oficina de Desarrollo Agropecuario y Económico de la Alcaldía, señaló que la entidad viene apostándole a fomentar la conservación de bosques mediante acuerdos voluntarios con la sociedad civil. “Los propietarios que designan áreas como reservas naturales, comprometiéndose a no intervenirlas, reciben un descuento en el impuesto predial que puede variar entre el 10 por ciento y el 50 por ciento, generando un ahorro indirecto”, dice el funcionario.
Por eso, la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), junto a Visión Amazonía y la Alcaldía, están implementando un programa de “extensión agropecuaria” con asistencia integral para citricultores. Este programa “promueve la conservación de bosques, exigiendo un mínimo de diez hectáreas por finca, que se espera sean conservadas durante cinco a diez años; sumando ya 1.500 hectáreas protegidas”, explica Zapata. Para cientos de familias, la conservación se plantea desde un enfoque productivo, por eso, varias mujeres buscan beneficiarse de esta iniciativa sembrando cultivos de limón, cacao y plátano.
Los Proyectos Integrales de Desarrollo Agropecuario y Rural, cofinanciados por la ADR, buscan beneficiar a pequeños y medianos productores rurales, entre ellos, mujeres productoras. En los últimos cinco años, la ADR ha cofinanciado cinco de estas iniciativas en San Vicente del Caguán, abarcando cadenas productivas como frijol, café y plátano, repoblamiento bovino, piscicultura —trucha arco iris y tilapia roja— y ganadería silvopastoril. Estos proyectos han beneficiado a 653 productores rurales, de los cuales 213 son mujeres, con una inversión total de $11.912.069.288.
En su respuesta escrita, Diego Armando Solano Montenegro, vicepresidente de Integración Productiva de la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), aseguró que el Gobierno trabaja en el cierre de la brecha de género mediante estrategias de fortalecimiento asociativo y de comercialización dirigidas a mujeres. “Se reportan 2.386 mujeres beneficiadas en diversas estrategias de fortalecimiento productivo y comercial, con una inversión asociada por parte de la ADR de 246,8 millones de pesos”, explicó.
La ADR también señala que para cerrar las brechas de género, es fundamental una "mayor cobertura de programas con enfoque interseccional". Sin embargo, como señala la Plataforma Municipal de Organizaciones de Mujeres de San Vicente del Caguán, “las convocatorias existen, pero el acompañamiento técnico y el seguimiento aún son débiles. Las mujeres necesitan formación para formular proyectos, postularse y poder acceder directamente a esos recursos, pero en muchas ocasiones se solicita experiencia en administración que muchas no logran certificar”.
La política pública avanza, pero las transformaciones reales se tejen despacio desde las veredas.

