Dos años y medio le han costado a la Universidad Tecnológica del Chocó encontrar rumbo. Durante este tiempo, siete rectores han intentado liderar una institución atravesada por problemas financieros y de calidad educativa y que ha perdido más de 4.000 estudiantes. Ahora, en medio de varias polémicas, el Consejo Superior de la Universidad definió que el próximo viernes 22 de mayo se dará por terminado el desfile de encargados y finalmente, se elegirá un nuevo rector en propiedad.
Aunque las clases comenzaron el 14 de enero, la universidad siguió durante meses en anormalidad académica. Un fallo de tutela ordenó en febrero reactivar de inmediato las actividades académicas y administrativas, pero no fue sino hasta hace poco más de tres semanas, el 20 de abril, que se volvió a la normalidad académica.
Mientras esto pasaba, se han tomado varias decisiones clave para la universidad: en marzo el Ministerio de Educación aprobó el Plan de Mejoramiento de la institución, documento indispensable para subsanar los 109 hallazgos identificados durante 2023-2024 y que han llevado a la institución a la peor crisis de su historia.
Después de más de un año de retraso, se iniciaron las elecciones de consejeros superiores, quienes serán los encargados de elegir al nuevo rector. Los procesos han estado rodeados de polémicas, falta de confianza y un vaivén de decisiones judiciales.
Aunque la elección del representante de los estudiantes estaba planeada para el 6 de marzo, el 27 de marzo fue elegido Wilmer Serna como representante de los estudiantes, a pesar de la anormalidad académica y en medio de polémicas por falta de garantías para las elecciones. Juan Tulio Córdoba Lemus fue elegido como representante de los exrectores en abril de 2026. Gentil Ayala Vivas es el representante de los docentes y José Lorenzo Bejarano Pinilla es representante de las directivas académicas.
En un principio, el Ministerio de Educación ordenó a la universidad abstenerse de realizar las elecciones que estaban previstas para febrero de 2026, hasta verificar presuntas irregularidades. Entre esas la inexistencia de un convenio formalmente suscrito con la Universidad Distrital para el uso del software de votación, la falta de una auditoría externa independiente, la ausencia de resultados en las pruebas de carga y estrés del sistema virtual y el hecho de que la Universidad Distrital manifestó en estrados judiciales que no tenía un vínculo jurídico vigente con la UTCH para soportar el proceso electoral.
A esto se suma el debate, aún vigente, sobre si las elecciones pueden realizarse de manera virtual o no. Quienes defienden la virtualidad aseguran que la comunidad cuenta con cerca de 36.000 egresados dispersos en todo el país y en el exterior, y que exigir el voto presencial únicamente en Quibdó y algunos municipios del Chocó excluye, en la práctica, a quienes no residen allí. Además, sostienen que la modalidad virtual había sido establecida desde 2024 y que los egresados ya habían actualizado sus datos y recibido sus credenciales digitales.
Sin embargo, desde el otro sector aseguran que el censo electoral ha dejado por fuera a varios egresados y que las limitaciones de conectividad en el departamento representarían un gran obstáculo para unas elecciones virtuales.
De los nueve miembros del Consejo Superior Universitario, CSU, falta por elegir el representante de los egresados. La elección, prevista inicialmente para el 12 de mayo, quedó suspendida por decisiones judiciales cruzadas: un juez ordenó frenarla por cuatro meses, pero el fallo fue anulado días después y el proceso deberá reiniciarse mientras se toma una nueva decisión.
La tensión escaló y los sindicatos de la Universidad se declararon en “estado de máxima alerta”, exigiendo que la elección del representante de egresados se haga de manera presencial. Cuestionan la insistencia del gobierno universitario, encabezado por Héctor Aurelio Mosquera Mosquera, el Consejo Superior y el Ministerio de Educación, en mantener un mecanismo de votación virtual pese a las fallas de conectividad que enfrenta el Chocó, uno de los departamentos con mayores brechas digitales del país.
En el oficio recuerdan que la propia universidad sufre interrupciones constantes de internet e inestabilidad tecnológica que afectan procesos académicos y administrativos, y señalan que desde 2021 hasta 2024 han advertido formalmente sobre los riesgos del voto electrónico sin recibir una respuesta de fondo. Además, anunciaron que revisarán la suspensión provisional de la jornada de reflexión y la asamblea permanente decretada el 20 de abril de 2026, y advirtieron que podrían retornar a la anormalidad académica si así lo decide la Asamblea.
Mientras todo esto pasa, a docentes y administrativos aún se les deben primas, los salarios se pagan tarde y no se ha logrado solucionar el problema de la contratación de los profesores ocasionales. Los estudiantes siguen sin respuestas claras, de fondo y con limitaciones en la infraestructura y el bienestar universitario. Y fuera de Quibdó, en los Centros de Desarrollo Subregionales, las necesidades se duplican. Hablamos con Wilmer Adolfo Serna, elegido como consejero superior de los estudiantes, sobre los retos urgentes que deberá enfrentar el próximo rector de la Utch.
Consonante: ¿Cómo se han desarrollado las elecciones en la universidad? Teniendo en cuenta las alertas por falta de garantías.
Wilmer Serna: Las elecciones del representante estudiantil fueron el 27 de marzo, de manera presencial. Sin embargo, la noche anterior al proceso electoral, incluso el mismo día, un grupo de personas externas y de la misma universidad quemó llantas, hizo disturbios, desórdenes, para evitar que se desarrollaran las elecciones en Quibdó.
Esto hizo que la gobernadora adelantara un puesto de mando unificado; tuvimos acompañamiento de la Fuerza Pública y se tuvo que trasladar el sitio de votación. Inicialmente las elecciones se estaban haciendo en la ciudadela universitaria, pero tocó moverlas al Consultorio Jurídico de la Universidad.
En los CDS, Centros de Desarrollo Subregional, en Istmina, Tadó, Río Sucio y Bahía Solano se desarrollaron con normalidad.
C.: ¿Qué intereses cree que hay detrás de la intención de impedir las elecciones?
W.S.: Aquí hay manos oscuras. La universidad viene pasando hace tiempo por una crisis institucional y las personas que la llevaron a ese estado son las que se oponen al cambio, a la transformación. Aquí se ha instrumentalizado a muchos estudiantes para que sean un obstáculo en este proceso electoral.
Pero gracias a Dios el proceso se llevó a cabo, así fuera con presencia de la Fuerza Pública. Los estudiantes votaron contundentemente y nos eligieron con la mayor votación: alrededor de 1.606 votos; la persona que quedó de segunda logró solo 77 votos. Ganamos en todas las mesas y en todos los centros de desarrollo regional.
C.: ¿Qué falta para que se pueda elegir a un rector en propiedad?
W.S.: Después de las elecciones del representante de los estudiantes, se realizó la elección del representante de los exrectores; ellos tienen también un asiento, voz y voto en el Consejo Superior.
Falta la elección del representante de los egresados, que estaba programada para el día 13 de mayo, pero todavía no se ha podido hacer. Esa es la única que falta.
Una vez ese asiento también esté definido, se podrá elegir rector. Posiblemente lo elijamos al finalizar el mes de mayo, antes de la primera vuelta presidencial.
C.: Hoy está como rector encargado Héctor Aurelio Mosquera, ¿cómo se sienten los estudiantes con su designación? Y ¿cómo ha sido esa ida y vuelta de tantos rectores?
W.S.: Tener siete rectores ha sido un punto grave de esta crisis. Es imposible que una universidad con esa inestabilidad, interinidad, institucional pueda avanzar.
Cada rector tiene una idea, una forma de gobernar, de hacer las cosas. Y eso lo que hace es que no exista una ruta clara, que no exista un derrotero claro hacia la construcción de un proyecto universitario en el que podamos ayudar.
El profesor Héctor es una persona con trayectoria en la universidad, que tiene una buena visión, pero realmente lo que necesitamos ahora es que se pueda dar la elección y pueda haber alguien en propiedad que pueda trazar una ruta clara.
C.: Entre 2024 y 2025 la Utch perdió 4.077 estudiantes. De una matrícula histórica que rondaba los 13.000 a 14.000 alumnos, la institución ha caído a niveles que ponen en riesgo su sostenibilidad financiera futura. ¿A qué cree que se debe esa situación?
W.S.: La universidad está en un proceso de transformación y lo que necesitamos ahora es volver a generar confianza ante la comunidad, que hoy no nos ve con buenos ojos. El tema de los paros, asambleas y demás, ha hecho que muchos se vayan porque sienten que están perdiendo mucho tiempo. Porque sienten que su proyecto de vida se puede demorar más en esta universidad.
Muchos compañeros y parte de la comunidad chocoana prefieren que sus hijos se vayan a otras universidades. Es culpa de la crisis en la que estamos hoy.
Quibdó es muy complejo, como estudiantes estamos inmersos en zonas de conflicto y somos propensos a ser reclutados por grupos armados fuera de la ley. Eso es muy preocupante; es más fácil cooptar a un estudiante que no esté en el aula, que no esté haciendo nada. Aquí hay unos barrios marginados que se están volviendo presas fáciles de muchos grupos armados. En ese sentido, tenemos que aunar todos los esfuerzos posibles para que la comunidad universitaria confíe nuevamente en la Utch.
C.: ¿En qué quedaron las negociaciones de la Asamblea Triestamentaria? ¿Cómo se resolvieron las solicitudes?
W.S.: Ellos han suspendido las reuniones. La asamblea asegura que no se han levantado, solo hubo una suspensión. Hay unos acuerdos de corto, mediano y largo plazo que hay que dar. Lo que nosotros hemos dicho es que cada una de las partes debe ceder y cumplir con lo que se compromete para evitar que volvamos a un cese de actividades.
Pero la verdad es que eso ya nos tocaría con el próximo rector, que trace una ruta en el marco del diálogo y la concertación con las organizaciones sindicales. Y en términos de sus convenciones colectivas, que el rector acuerde de manera clara y categórica los puntos con la organización sindical, que no permita que esta situación se vuelva a repetir.
C.: Algunos estudiantes y administrativos nos hicieron comentarios sobre lo que no está funcionando, por ejemplo, que los recursos de bienestar universitario no se reflejan dentro de la institución. ¿Cuáles son las solicitudes que le hará el estudiantado al rector que llegue?
W.S.: Hay muchas cosas por mejorar. Hay que hacer un proceso de socialización en términos de los recursos, de cara a la comunidad universitaria. Se debe socializar con cada uno de los departamentos: docentes, estudiantes y administrativos, el plan operativo anual de inversión, en qué se van a invertir los recursos. Eso se debe construir conjuntamente, porque es importante que cada uno de los que hacemos parte de la universidad tengamos claridad. Hace parte de la transparencia de la administración pública y ayuda a evitar la corrupción.
Solicitamos que los estudiantes puedan tener buenos ambientes escolares, una buena infraestructura educativa, pero también sanitaria. Que haya garantías para ir a las prácticas profesionales, a las pasantías, a los intercambios académicos, que se destinen los recursos pertinentes para eso. También se requieren recursos para los temas de investigación, de extensión y proyección social, para los temas deportivos y culturales.
Hay una parte que es muy importante para nosotros: la seguridad. En la universidad no hay; todos deberíamos estar carnetizados. Se necesita un restaurante estudiantil en el que los estudiantes puedan tener el desayuno, el almuerzo y la cena. Que exista una real beca de transporte, una ruta universitaria donde los buses puedan transportar desde las 5-6 de la mañana hasta las 10 de la noche, que circule por todo Quibdó. Estrategias que apunten a la permanencia del estudiante, teniendo en cuenta la crisis económica y social que vivimos en el municipio de Quibdó y en los CDS.
C.: ¿Y cuáles son las necesidades de los estudiantes en los CDS?
W.S.: En los CDS hay un total abandono por parte de la universidad. Esa es una realidad; los estudiantes están abandonados a su suerte.
Allá no hay bienestar universitario, no hay acompañamiento estudiantil. Todas las necesidades están. No hay registro y control, no hay oficina financiera. Para que un estudiante pueda hacer un trámite, tiene que venir de Río Sucio, de Tadó, de Bahía Solano, a Quibdó. Están centralizados todos los procesos administrativos en Quibdó. Lo único que se da allá son algunas clases. El tema de la infraestructura sanitaria también está mal. Mi lugar como representante también va a ser para que mis compañeros de allá también sean tratados con dignidad.
C.: Sobre el tema de la calidad educativa, la universidad sigue ocupando los últimos puestos en las pruebas Ecaes. ¿Cómo viven esto los estudiantes?
W.S.: Aquí hay muchos factores que se deben revisar, que son más de fondo que de forma. La Universidad para los índices de los Ecaes ha venido mejorando, pero es necesario fortalecer los procesos. Hay que fortalecer la academia y la investigación.
Este departamento es rural; hay que mirar las condiciones de un estudiante de Río Sucio, de Belén de Bajirá, del Darién, de Unguía o de Acandí, donde muchas veces pasan semanas sin energía, donde hay falta de conectividad de redes Wi-Fi y de nuevas tecnologías. No se nos puede mirar y medir igual que la Nacional de Bogotá o que universidades del Valle o de Antioquia. Porque las condiciones que tiene la Utch no son las mismas que tiene la Nacional, o que tienen otras universidades públicas. Hay que empezar por inyectarle recursos; hay que hacer muchas cosas todavía.




