Ilustración: Eduardo Montoya
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Guainía a media luz: entre apagones y promesas de transición

En el departamento de Guainía la electricidad se genera con diésel. Su ubicación remota ha impedido que se conecte al sistema nacional, por lo tanto, depende totalmente de soluciones locales. Las dificultades de abastecimiento de combustible y el desgaste de la infraestructura han provocado interrupciones constantes, afectando la vida diaria y la economía local. Aunque la energía solar avanza como alternativa, aún no logra reemplazar un modelo vulnerable que sigue sin garantizar un servicio estable.
¿Cómo se hizo este trabajo?
Entrevisté a habitantes, empresas y autoridades locales. Además, hice observación directa de las condiciones del servicio en distintas zonas del territorio. El propósito era averiguar las causas de las fallas estructurales en el suministro eléctrico, evidenciar su impacto en la vida cotidiana de la población y aportar elementos de análisis sobre soluciones reales para un departamento afectado por las dificultades propias de su aislamiento geográfico.

Inírida empezó el año nuevo a oscuras. Desde el 28 de diciembre, la luz se fue sin avisar y dejó a su paso una cadena de pequeñas pérdidas cotidianas: la comida que se dañaba en las neveras, los negocios que no podían sostener sus productos, la señal que se caía de repente. La rutina —esa que suele pasar desapercibida— empezó a desarmarse, y con ella, la sensación de normalidad en un pueblo acostumbrado a resistir, pero no a quedarse en silencio.

La oscuridad no fue cosa de una noche. Enero llegó con racionamientos largos, con la luz dosificada en franjas que aparecían, casi siempre, en la noche o la madrugada. Y en marzo, cuando parecía que lo peor había pasado, volvieron los cortes: esta vez sectorizados, justificados en fallas técnicas. Lo que ocurrió entre el cierre de 2025 y el comienzo de 2026 no fue un episodio aislado.

El servicio de energía de Guainía se caracteriza por ser inestable y altamente vulnerable. El departamento hace parte de las Zonas no Interconectadas (ZNI), territorios no vinculados al Sistema Interconectado Nacional y que, por esa razón, dependen de soluciones locales de generación.

Esto ocurre, principalmente, por su ubicación geográfica remota en la Amazonía colombiana. La falta de vías terrestres y la alta dispersión poblacional hacen que llevar redes eléctricas convencionales sea económicamente inviable, según manifiesta el ingeniero Leonardo Martínez Fernández, gerente de la empresa de energía eléctrica Emelce.

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Detrás de los apagones: un sistema vulnerable

En Guainía, el servicio de energía es comercializado y distribuido por la empresa Emelce, y desde el 2004 la generación del servicio está a cargo de Gensa (Gestión Energética). La columna vertebral del sistema sigue siendo una central térmica que funciona con diésel. El problema no es solo técnico, es geográfico: el combustible sale del departamento de Cundinamarca, llega por carretera hasta San José del Guaviare y luego continúa por vía fluvial hasta Inírida.

Cuando el río baja, los botes no pueden moverse, el diésel no llega y todo el sistema queda expuesto. 

Esa dependencia explica buena parte de la crisis de diciembre e inicios del 2026. De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, el bajo caudal del río dificultó el transporte del combustible necesario para operar la planta generadora, lo que puso en riesgo la continuidad del servicio. La crisis obligó, incluso, a activar medidas extraordinarias para evitar un colapso mayor. 

En ese momento, la Gobernación, la Alcaldía y la empresa Emelce solicitaron activar un plan de contingencia costoso, que consistió en el traslado aéreo de combustible con apoyo del Ministerio de Defensa para evitar un apagón total. En ese momento la Fuerza Aeroespacial Colombiana transportó más de 6.200 galones de combustible que ayudaron a mitigar la emergencia. 

Según Leonardo Martínez, gerente de Emelce, la empresa Gensa debería establecer contacto con la empresa Terpel de Inírida, abastecedora de combustible del departamento, para que en caso de contingencia esta realice el suministro de diésel, con el fin de que no se vuelvan a presentar hechos como los ocurridos este año. Para la generación de energía, mensualmente el consumo de diésel es de 210.000 galones; sin embargo, por el río solo ingresan al municipio 125.000 galones, lo que implica que es necesario contar con reservas permanentes de combustible para evitar la ocurrencia de apagones.

Pero la historia no termina en tener suficiente combustible. Según Juan Jacobo Ramírez, ingeniero de la empresa Gensa, durante lo corrido de 2026 persisten cortes de energía asociados a fallas en los circuitos y en las unidades de generación, sometidas a operación continua las 24 horas del día. La empresa atribuye los racionamientos de finales de febrero y comienzos de marzo a intervenciones sobre la unidad 5, a una falla en un interruptor de baja tensión y, posteriormente, a problemas en el interruptor número 3. 

En sus boletines públicos de marzo, Gensa reconoció suspensiones sectorizadas por fallas técnicas en la unidad 3. Es decir: superada la urgencia del abastecimiento, reapareció otro cuello de botella, el del desgaste de la infraestructura. Este es otro de los retos de generar energía eléctrica en Guainía; con condiciones extremas como la humedad y el calor intenso, se producen daños en las redes y equipos, lo que obliga a hacer mantenimientos correctivos de manera frecuente.

La vulnerabilidad del departamento se vuelve más evidente cuando se mira el contexto nacional. El Ministerio de Minas y Energía informó en febrero de 2026 que Colombia alcanzó una cobertura eléctrica nacional de 93,12%, con 75,92% en la ruralidad. Sin embargo, la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) sigue ubicando a Guainía entre los departamentos con menores niveles de cobertura total, dentro de la franja del 50 por ciento al 70 por ciento, junto con Vichada y Vaupés. A esa brecha de acceso se suma una brecha de calidad y permanencia: el Índice de Pobreza Energética Multidimensional ubica a Guainía entre los departamentos con mayor incidencia del país, con 41,57 por ciento. En este territorio el problema no es únicamente tener o no tener conexión, sino qué tan estable, suficiente y asequible resulta esa energía. 

Una alternativa en desarrollo

Frente a esa realidad, la transición energética aparece como una necesidad material. Inírida ya cuenta con una granja solar que trabaja de manera conjunta con la central diésel. Desde el 2020 en el municipio opera Sol de Inírida, un proyecto de Gensa que cuenta con 7.560 paneles solares y que aporta aproximadamente un 22 por ciento a la generación de energía. Aunque la energía solar aparece como una alternativa para solucionar la dependencia de los combustibles, todavía no alcanza para sustituirla como soporte principal del sistema. 

Por su parte, llevar energía a las zonas rurales ha sido un reto mucho mayor. En las comunidades indígenas no hay conexión con la central de diésel de Inírida, lo que ha implicado pensar en otras alternativas, las cuales solo se han concretado en los últimos años.

En 2021, el Instituto de Planificación y Promoción de Soluciones Energéticas para Zonas No Interconectadas (IPSE) reportó que 624 familias indígenas de Guainía pasaron a contar con servicio de energía 24 horas a través de sistemas híbridos que reducen en 50% el uso de diésel. Y en 2024, esta misma entidad, junto con el Ministerio de Minas y Energía, entregó en Barrancominas una central híbrida solar-diésel para 405 familias; e inauguró en las comunidades de Chatare, Carpintero y Venado tres comunidades energéticas para 540 familias con energía continua. 

Central híbrida solar fotovoltaica - diésel, en la comunidad indígena Caranacoa. Fotografía: Hermes López.

En la actualidad, el 58 por ciento de la zona rural cuenta con sistemas híbridos que constan de paneles solares con plantas diésel de soporte. No obstante, la transición ha sido un proceso de adaptación. Según Martínez, en comunidades indígenas como Remanso y Venado se pasó de contar con tres horas diarias de electricidad producida con diésel a 16 horas con energía solar, lo que incrementó la demanda sobre los equipos generadores y sobre los mismos electrodomésticos. Esto se debe al incremento del turismo en estas zonas que están en la base de los cerros Mavicure. 

Afirma Martínez que esta situación ha provocado que la infraestructura que se construyó inicialmente sea superada por la demanda. Dice, además, que el objetivo es garantizar que estos lugares cuenten con 24 horas diarias de energía, pero esto requiere un proyecto de ampliación que tiene un costo aproximado de dos mil millones de pesos.

La energía solar es considerada como la opción más viable porque, como afirma el gerente Martínez, por la baja densidad poblacional y la dispersión de la misma, llevar redes eléctricas convencionales no es una opción.

Por eso se plantea utilizar el potencial energético que tiene el departamento. El proyecto con el que ahora se genera energía eléctrica en las comunidades indígenas tiene una vida útil de 25 años y las baterías con las que funcionan los sistemas tienen una vida útil de 10 años. Esto plantea la necesidad de anticiparse presupuestalmente para atender las necesidades de mantenimiento y actualización de los equipos.

A mediano plazo, la apuesta en el departamento sigue siendo la energía solar. Así lo manifiesta el ingeniero de Gensa Juan Jacobo Ramírez, quien dice que existe un proyecto de ampliación de la granja solar de Inírida que, de llevarse a cabo, abastecería con energía solar a más del 80 por ciento del municipio. Ramírez afirma que se trata de una expansión cercana a los 9,8 megavatios, con baterías y unos 16.000 paneles nuevos que operarían en conjunto con la planta existente, de modo que el diésel quede como respaldo y no como base. Si ese proyecto se concreta y entra realmente en operación en 2027, podría modificar de forma sustancial la matriz energética local. 

La espera eterna de una solución estructural 

Sin embargo, la transición debe ir más allá de los paneles. El ingeniero Ramírez reconoce que algunas de las unidades de Gensa superan los 20 años de operación y que una de ellas se encuentra fuera de servicio por mantenimiento mayor. Para fortalecer el sistema, la empresa ha incorporado una unidad en alquiler desde hace un año y medio y se encuentra en proceso de instalar dos nuevas unidades adicionales, cuyo traslado se realizará vía aérea debido a la urgencia. La entrada de estos nuevos equipos podría implicar interrupciones temporales del servicio durante su conexión.

Aunque esta es una necesidad para dejar en pleno funcionamiento el sistema, los usuarios manifiestan inconformidades porque los apagones siguen ocurriendo. Más allá de tener o no el servicio, en Inírida se ha informado de daños en electrodomésticos y afectación a los comerciantes que venden productos que requieren refrigeración continua.

El alcalde de Inírida, Alexander Sánchez, se pronunció sobre las constantes fallas y remitió a la Superintendencia de Servicios Públicos una queja formal por las reiteradas interrupciones del servicio eléctrico. A su vez, exigió respeto por los ciudadanos, señalando que la empresa no puede jugar con la prestación de un servicio vital como es la energía. 

Frente a este panorama, el gerente de la empresa Emelce manifiesta que el horizonte energético de este departamento como Zona no Interconectada del país se debe proyectar desde las energías limpias, además de trabajar proyectos de fuentes sostenibles para llegar a las comunidades que están creciendo y que hoy se alimentan con una fuente como el diésel.

La crisis eléctrica de Guainía, en suma, no se explica por una sola causa. Hay una cadena completa de vulnerabilidades: aislamiento geográfico, dependencia del río, alto uso de diésel, equipos envejecidos, baja capacidad de respaldo y una transición energética que avanza, pero todavía no alcanza a cubrir la demanda ni a blindar el sistema. Lo ocurrido entre diciembre y marzo dejó una certeza incómoda: en Inírida el sistema es frágil. El temor de la población es que esta situación siga ocurriendo, recordando de manera constante la desconexión que tiene esta población con el resto del país.

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