Foto: Cortesía colectivo cultural Pro Centro Histórico.
San Juan del Cesar Reportajes

Escribir la historia en piedra: la iniciativa en San Juan del Cesar para guardar sus memorias

Una ruta de 21 placas de mármol convirtió el centro histórico de San Juan del Cesar en un recorrido por la memoria de sus escritores, poetas y compositores. La iniciativa, liderada por la comunidad, busca preservar ese legado y fortalecer el turismo cultural.

En San Tropel no hay agua potable ni luz eléctrica. La esperanza de este pueblo caribeño está puesta en el padre Pío Quinto Quintero, párroco y consejero de todos y cada uno. En las misas de domingo pasa todo lo importante, incluida la aparición de Gentil Cortés Caballero, la nueva entretención del pueblo. Gentil, al inicio, es casi el enviado de Dios para las mujeres solteras y la esperanza de un nuevo futuro. Al final, una decepción más.

“San Tropel es un pueblo colombiano que el lector puede ubicar donde quiera, siempre y cuando no se aleje de esos lugares donde suenan a toda hora los acordeones y las guacharacas. Tampoco debe alejarse de las tierras calientes donde germina el algodón, sucumbe la marihuana y florece el carbón.

San Tropel es San Juan del Cesar. Su historia llegó a ocupar las pantallas de todo el país en 1987. Esta producción es la versión para televisión del libro homónimo de la escritora Ketty Cuello de Lizarazo. Y aunque fue un éxito en toda Colombia, los más fervientes televidentes, sin duda alguna, fueron los sanjuaneros. “A esa hora (cuando presentaban la novela) todos estaban en su casa. Eso generó una expectativa colectiva, porque el que no se había leído el libro o no conocía a San Juan del Cesar, lo iba a conocer a través de cada capítulo de la novela. Y es que más de uno en San Juan se sentía protagonista”, cuenta Ana Milena Mendoza Brito, docente de la Institución Educativa El Carmelo y miembro del colectivo cultural Pro Centro Histórico.

Ketty María Cuello Fernández nació en 1950, en San Juan del Cesar, dentro del hogar de Julio Alberto Cuello y Ketty Fernández. Es la menor de cinco hijos que ocupaban la casa del lado de la iglesia de San Juan Bautista, en el centro del pueblo. Su niñez estuvo marcada por las costumbres de esa época, la visita a los abuelos, los juegos con sus compañeros y, como en San Tropel, las misas de domingo.

Su hermana Alicia era su compañera inseparable. Siempre se les veía juntas en paseos o bailes; las diferencias nunca apagaron su amor. Es ella la que hoy, con su mirada serena y voz apacible, siempre está dispuesta a responder las inquietudes de personas que se detienen a leer la inscripción de la placa de mármol con el nombre de su hermana. Alicia se ha convertido en la voz que mantiene vivo su legado y con sus recuerdos permite conocer parte de la vida de Ketty desde la intimidad de su hogar.

Alicia recuerda siempre cuando a Ketty, representando al departamento de La Guajira, la nombraron como reina nacional del café durante el año 1969, en Calarcá, Quindío. Aunque no pudo acompañarla esa vez, estaba atenta a la transmisión por radio el día de su coronación: “Fue todo un acontecimiento en el pueblo”. Recuerda que vio un helicóptero tirando papelitos: “realmente fue muy emocionante”, asegura.

Ese evento también lo recuerda Hermes Francisco Daza, periodista y amigo de Ketty. “Cuando llegó a San Juan, eran las 12 del mediodía; llegó con un solazo que nos sorprendió;  sin embargo, el alcalde de ese tiempo le había preparado un recibimiento. Aunque la gente estaba almorzando o haciendo la siesta, alguien corrió la voz y empezaron a sonar los cohetes. Se le hizo un recorrido por las principales calles de San Juan”.

Lo que no se imaginaron los sanjuaneros era que esa mujer carismática, inteligente y digna representante de la belleza guajira se convertiría más adelante en una de las escritoras más destacadas del municipio.

Después de su título de belleza, Ketty se radicó en Bogotá. Allí se casó con Julio Lizarazo Arévalo, un bogotano, con el que tuvo dos hijos. Después de casada, estudió literatura y periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana y fue en esa etapa de su vida que su talento como escritora salió a relucir.

El primer libro que publicó, en 1977, fue la novela “Algún día brillará el sol”. Allí habla de las presiones sociales que enfrentaban  las mujeres en esa época, sobre todo las relacionadas con la sexualidad y la moralidad. Más adelante escribió el cuento “Sálvese quien pueda”, premiado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Javeriana en 1980. Y finalmente, en 1985, su obra más reconocida: San Tropel Eterno.

Su estilo de escribir, inspirado en la vida cotidiana de la región Caribe, llamó tanto la atención que la programadora de Caracol la adaptó para televisión en 1989. El éxito fue nacional. Después escribió otros títulos como Retratos bajo la tempestad, Mandinga sea y el Ángel del acordeón, que fue adaptada al cine en el 2008, dirigida por su hija María Camila Lizarazo. En el 2012 escribió la novela Al volver del cielo.

En San Juan del Cesar las paredes guardan la historia de poetas, escritores y compositores que dieron identidad al municipio.  A través de placas de mármol que destacan su vida y obra, estas historias abiertas se reconstruyeron con vecinos que investigan, por familiares que recuerdan, y un colectivo que se resiste a olvidar a sus artistas.

Entre letras y canciones

Foto: Cortesía colectivo cultural Pro Centro Histórico.

La historia de Ketty es una de aquellas voces rescatadas por el esfuerzo silencioso de un movimiento comunitario, que nació el 5 de julio de 2025 y que se fue desarrollando en medio de conversaciones con café y vallenato. 

El proyecto colectivo “Pro-centro histórico de San Juan del Cesar” está conformado por ciudadanos, historiadores, empresarios y gestores culturales que buscan fortalecer la identidad cultural del municipio. Todos se unieron para crear la ruta Entre letras y Canciones: 21 placas conmemorativas que no solo preservan la historia de poetas, escritores y compositores, sino que también han impulsado mejorar la estética del centro histórico del municipio. Han pintado más de 28 casas de arquitectura colonial y tradicional, de tal manera que cada fachada se convierte en un libro abierto que invita a leer su cultura.

“Queremos escribir la historia en piedra de nuestros artistas sanjuaneros, para que nunca se borren y las generaciones futuras nunca la olviden”, expresa Carlos Egurrola, enlace turístico del municipio.

Todo empezó con la reunión de los historiadores Adina Ariza y Alfredo Mendoza, quienes recopilaron la información que ayudaría a crear una narrativa histórica unificada que mostrara el alma del territorio. San Juan no solo es tierra de compositores, también es tierra de literatura.

“Nos dimos cuenta de que antes de que llegara la música lo que había eran las letras, o sea, la literatura. Que había poetas, escritores y con la llegada de la música, pues esas poesías lo que hicieron fue vestirse con canciones y las canciones comenzaron también a tener algo más poético en su contenido”, señala Andrés Murillo, gestor cultural y empresario turístico.

Y ese fue el punto de partida. Los primeros homenajeados iban a ser escritores, poetas y compositores con un recorrido que empieza en la plaza Simón Bolívar, recorre la Calle del Cayón, llega a la plaza Santander, sigue por la calle de las flores y termina pasando por la casa de la cultura y el museo de compositores.

En todo el recorrido aparecen nombres como el de Luis Egurrola, cuyas letras de canciones eran poesía:

Yo no sé qué estrella me vio ese día en que nací
Ni la suerte que a mí me tocó, ni lo quiero saber
Solo sé que te llevo en el alma y al pueblo también
Ya sabrán que no soy perfecto pero humilde al fin
Y ante todos ustedes confieso que quiero vivir.

Sus letras las cantó Diomedes Díaz. Su madre fue escritora y compositora, además su abuelo por parte de padre fue guitarrista, y violinista. Una historia que se repite incontables veces en este municipio. “Es por eso la importancia de comprender que San Juan es pionero en la composición. Que tiene más de un centenar de compositores y que de los 50.000 habitantes que tiene hay un compositor en potencia y eso es una maravilla”, indica el líder turístico.

En ese recorrido se encuentran otros personajes como Cristóbal Mendoza, poeta y serenatero. Mendoza es además el abuelo de dos reconocidos compositores sanjuaneros: Roberto Calderón y Rafael Manjarrez. Por donde se mire, San Juan del Cesar se confirma como cuna de compositores.

Las placas conmemorativas de mármol están incrustadas en las paredes de las casas donde vivieron estos personajes. Se embellecieron muchas fachadas y se descubrieron otros datos históricos, como que en una de ellas nacieron los bisabuelos del expresidente de Colombia Alfonso López Michelsen. “San Juan es una tierra también de personas influyentes, con una visión destacada que han representado por lo alto esta tierra maravillosa”, afirma Egurrola.

La construcción de esa ruta de memoria no fue tarea sencilla; se necesitó la determinación, la constancia y el esfuerzo de una comunidad que se negó a olvidar su historia y sus artistas. Las primeras intervenciones se lograron mediante un esfuerzo conjunto de la Gobernación, que aportó materiales y pinturas, las familias residentes de estas viviendas y los vecinos que con sus propios recursos pintaron sus fachadas.

También se unió a la causa la junta de acción comunal del barrio Centro, que les ayudó a tener una guía más clara sobre el recorrido y así poder organizarse. Algunas empresas privadas e instituciones educativas. Sin embargo, aún se necesita hacer un esfuerzo más: “Esperamos un impulso mayor por parte de las diferentes instituciones gubernamentales, la alcaldía, un poco más del viceministerio de turismo para fortalecer el proyecto”, señala Murillo.

Durante el proceso también identificaron necesidades que iban más allá del embellecimiento. Una de ellas era la iluminación de la ruta. Con el apoyo de la Alcaldía se reforzó el alumbrado de la Calle Quinta para que residentes y visitantes pudieran recorrer el sector con mayor tranquilidad durante la noche.

Otra apuesta ha sido la formación de guías turísticos. Integrantes de la comunidad han recibido capacitación para conocer la historia del municipio y compartirla con quienes llegan a San Juan. La idea, explican los promotores del proyecto, es que la experiencia no se limite a caminar por las calles, sino que cada parada permita comprender por qué este municipio es reconocido como la tierra de los compositores.

San Juan del Cesar es destino cultural

Foto: Cortesía colectivo cultural Pro Centro Histórico.

Rafael Celedón fue un sanjuanero religioso, poeta y filólogo, nacido en 1833. Sus padres  fueron María del Rosario Celedón Herrera, que provenía de una familia distinguida, hija del sacerdote español Miguel Jerónimo Celedón. Y su padre Nicolás Ariza Basabil. Entre su tío y su abuelo, el destino de Rafael se escribió en el sacerdocio.

Su labor como evangelizador y defensor de los derechos de las comunidades indígenas Wayú, Wiway Kankuamos fue muy reconocida. Trabajó por la protección y preservación de las lenguas indígenas. 

Hay historias que dicen, incluso, que Gabriel García Márquez lo nombró en ‘Cien años de Soledad’. En su obra, ‘Gabo’ describe que Rafael Escalona era “el sobrino del obispo”, refiriéndose así al prelado de quien procede el nombre del reconocido Liceo Celedón de Santa Marta, donde estudió el músico oriundo de Valledupar y recibió título honoris causa en el año 1992.

El Senado colombiano lo homenajeó con la Ley 36 de 1948, en donde lo reconocía como obispo de Santa Marta, maestro, escritor, lingüista y poeta. La norma ordenaba levantar un monumento en San Juan del Cesar, designando un recurso de $130.000 para dicha obra. Sin embargo, no hay registro de que se haya cumplido esa norma. 

“Conocer la vida de este personaje me hizo pensar que un pueblo que no reconoce su historia es un pueblo fantasma, y nuestro objetivo es recuperar su memoria”, dice Egurrola. 

El recorrido pasa por lugares emblemáticos como la plaza Santander y la tarima Juancho Rois. Allí también está la casa de la abuela del acordeonero, recordado por conformar junto a Diomedes Díaz una de las duplas más importantes de la historia del vallenato. Su legado sigue vigente décadas después, con canciones que continúan siendo escuchadas por nuevas generaciones.

La ruta también rinde homenaje a otros protagonistas de la música sanjuanera. Entre ellos está Máximo Móvil, compositor al que se le grabaron más de 150 canciones y cuya obra sigue siendo motivo de orgullo para los habitantes del municipio. También aparece Nelson Velásquez, uno de los artistas que llevó la música nacida en San Juan a escenarios nacionales e internacionales.

Sin embargo, la apuesta del colectivo va más allá del reconocimiento a sus músicos. Sus integrantes quieren que quienes visiten San Juan descubran un territorio donde la creación artística hace parte de la vida cotidiana y donde la poesía, la composición y la gestión cultural han pasado de generación en generación.

Ese objetivo también depende de que la comunidad haga parte del proyecto. La iniciativa busca articular a escuelas de música, emprendimientos, artesanos, cocineras tradicionales, mototaxistas, operadores turísticos y administradores de balnearios para que el turismo beneficie a distintos sectores del municipio.

"Es muy gratificante ver una comunidad que comienza a conectarse con este proyecto. Ya no le da la espalda a la cultura; la gente empieza a involucrarse y eso es lo más importante. No se trata del trabajo de un hotel o de una sola persona, sino de un esfuerzo comunitario", afirma Murillo.

Para Ana Milena Mendoza, docente y gestora cultural, preservar la memoria del municipio también es una forma de cuidar su identidad. Después de más de dos décadas dedicada a la enseñanza, encontró en el colectivo Pro Centro Histórico una manera de transmitirles a sus estudiantes el valor de conocer el lugar donde crecieron.

"Perder la memoria del pasado es como desconectarse de las raíces y perder el rumbo", dice. Por eso considera que las nuevas generaciones deben aprender a reconocer los símbolos, las historias y los lugares que conforman la identidad de San Juan para que ese patrimonio no desaparezca con el paso del tiempo.

Esa memoria también vive en las costumbres que aún conservan muchos sanjuaneros: el saludo al vecino, las conversaciones de esquina, el café compartido en las mañanas y la cercanía entre quienes habitan el municipio. Son prácticas cotidianas que, para Mendoza, ayudan a mantener vivo el espíritu del San Juan de antes mientras el pueblo sigue transformándose.

Ese legado es precisamente uno de los ejes de Entre letras y canciones. Más que recorrer monumentos o recordar compositores, la iniciativa busca reivindicar la tradición oral que dio origen a muchas de las canciones vallenatas. Las conversaciones familiares, las reuniones en las esquinas y las historias transmitidas por abuelos y padres son, para el colectivo, la materia prima de una tradición que convirtió a San Juan en una tierra de compositores.

Pero ese libro de páginas de mármol todavía no está completo. El colectivo proyecta ampliar el recorrido con nuevos personajes que también dejaron huella en la historia del municipio, entre ellos pintores, gestores culturales y líderes que, desde distintos ámbitos, contribuyeron a construir la memoria de San Juan del Cesar.

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