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ENSAYO VISUAL | De la selva a las pasarelas de moda

En Puerto Nariño, Amazonas, la diseñadora indígena Yessenia Machoa transforma fibras, semillas y tintes naturales de la Amazonía en vestidos que preservan la memoria de su pueblo Magüta. Sus diseños, construidos junto a mujeres y sabedoras de su comunidad, enfrentan las barreras de una industria de la moda que suele usar la estética indígena sin reconocer plenamente a quienes la crean.
¿Cómo se hizo este trabajo?
Acompañé a Yessenia en su taller y a una jornada de prueba de vestidos con su equipo de trabajo. También realicé una entrevista a Yessenia en donde se pudo obtener información de su trayectoria, sus inicios, retos y sueños. También consulté cifras sobre participación de las diseñadoras indígenas en espacios nacionales y la caracterización sobre las personas artesanas.

Cada tanto, Yessenia Machoa entra en el monte junto a su madre y jóvenes de su comunidad para recolectar semillas, fibras de chambira y cortezas de yanchama. Entre los árboles de la selva y el sonido constante de aves e insectos, eligen con cuidado el material. No es un trabajo sencillo, deben caminar varios kilómetros y luchar con la humedad que aquí, en el municipio de Puerto Nariño, a orillas del río Amazonas, se pega en la piel y hace que cada paso sea más lento, más extenuante. 

Entre estas piezas que se toman de la selva y las pasarelas de moda, están en el medio las manos de Machoa. Ella une, cose, hila y da sentido a cada material, para transformarlo en prendas que se convierten en una muestra de la identidad cultural de su pueblo.

Vestido elaborado por Yessenia Machoa. Leticia 2026. Fotografía: Alex Rufino.

Yessenia Machoa convirtió el conocimiento heredado de sus abuelas en una propuesta de moda con identidad propia. Indígena del pueblo Magüta, perteneciente al clan Huito, esta diseñadora amazónica ha logrado que sus trajes, elaborados con fibras naturales y pigmentos extraídos de la selva, circulen en reinados nacionales, eventos internacionales y espacios emergentes de moda.

Su historia comenzó en 2008, cuando una fundación en Puerto Nariño le abrió un espacio para dirigir un grupo de danza. Allí empezó a confeccionar vestuarios para niños y jóvenes usando tintes naturales como achiote, azafrán y huito. Más tarde llegaron los encargos para reinados y ferias artesanales. “Fue el primer traje que me abrió puertas", recuerda. “Yo acudía mucho a mi abuelita: ¿cómo se hace esto?, ¿cómo puedo tejer esto?”. 

Yessenia muestra una corteza de Yanchama con dibujos pintados con tintes naturales, que será usada para la elaboración de un vestido. Fotografía: Alex Rufino.

Desde entonces, el taller y colectivo “Restauradoras” se convirtió en un espacio de trabajo comunitario donde participan mujeres, jóvenes y familiares. Su madre la acompaña en la extracción de fibras. Las abuelas enseñan técnicas que han usado sus ancestros; otras mujeres ayudan en los procesos manuales. Cada prenda es resultado de una cadena colectiva tejida por los conocimientos ancestrales, el territorio y la economía comunitaria.

Aunque en este oficio participan también hombres, la realidad es que el rol protagónico lo tienen las mujeres. Según el Sistema de Información Estadístico de la Actividad Artesanal (Sieaa) de Artesanías de Colombia, de las personas que han caracterizado, el 71,9 % son mujeres y 45,4 % aprendió su oficio por transmisión familiar. 

Machoa habla y recuerda su proceso, mientras sus manos continúan trabajando la fibra de chambira con paciencia aprendida en el monte. En su relato regresa constantemente a la figura de las mujeres mayores; las nombra como maestras, proveedoras y soporte emocional. “Mi mamá es como la inspiración. Ella sabe muchas historias, muchos procesos”, dice.

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Tejer en el anonimato frente a la velocidad del mundo

El oficio de diseñar nace desde la pasión y se sostiene en el día a día, con un reconocimiento débil frente al esfuerzo inmenso que hace cada mujer para finalizar una prenda. Sostener una propuesta de moda indígena desde la Amazonía implica enfrentar barreras económicas, exclusión estructural y una industria que históricamente ha utilizado la estética indígena desde la exotización, sin reconocer a quienes la crean.

Mariana Bastos modela una de las prendas elaboradas por Yessenia. Fotografía: Alex Rufino.

En una industria dominada por materiales sintéticos y producción acelerada, sus prendas funcionan también como una defensa silenciosa de otros tiempos y otras formas de hacer moda. Las semillas recolectadas en el kilómetro 9 de la vía Leticia - Tarapacá, la yanchama obtenida de cortezas producida en la comunidad de San Juan de los Parentes y las fibras vegetales transformadas artesanalmente, conectan sus vestidos con el territorio del que provienen. Sin embargo, para muchas personas este proceso no es visible y el reconocimiento sigue siendo desigual.

Aunque eventos como Colombiamoda han aumentado la presencia de artesanas y diseñadores indígenas, el acceso continúa siendo limitado. En 2025, más de 120 artesanas y artesanos participaron en el Mercado de Moda Circular de Colombiamoda gracias al programa “Fibras Naturales Indígenas”, impulsado por el Ministerio de Comercio.

Jornada de elaboración de collares en el taller "Restauradoras". Fotografía: Alex Rufino.

Este es un avance, pero las brechas históricas son más evidentes. Artesanías de Colombia ha caracterizado a más de 33.000 artesanos en el país, de los cuales gran parte vive en condiciones de vulnerabilidad y aprendió el oficio por transmisión familiar. Para diseñadoras amazónicas como Yessenia Machoa, el problema no es únicamente la visibilidad sino el costo de existir dentro de la industria.

“No es tan fácil”, afirma cuando habla de participar en ferias nacionales. “Todo es factor dinero. Un stand puede costar tres millones, y a veces no contamos con ese medio económico”. La distancia geográfica también pesa. Trasladar materiales desde comunidades amazónicas implica gastos permanentes. Conseguir chambira, semillas o cortezas requiere tiempo, transporte y trabajo físico. A eso se suma la ausencia de apoyo institucional estable para procesos comunitarios de largo plazo.

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Otros datos permiten dimensionar el problema económico. En la caracterización sectorial de Artesanías de Colombia, 50,7 % de los artesanos encuestados señaló que la artesanía es la principal fuente de ingreso del hogar; 65 % indicó que elabora las piezas principalmente a mano y las materias primas de origen vegetal aparecen como las más usadas en la elaboración de piezas artesanales. Es decir, la producción que suele presentarse en ferias como producto terminado concentra muchas horas de trabajo no siempre reconocidas en el precio final. 

Ilustraciones sobre yanchama, con los que se desarrollan talleres para niños en el taller "Restauradoras". Fotografía: Alex Rufino.

En ese contexto, muchas creadoras indígenas terminan vendiendo sus piezas a intermediarios que luego comercializan los diseños en escenarios de mayor prestigio y a precios más altos. “Me ha pasado”, dice Machoa. “Uno elabora y otra persona se muestra con nuestros productos o los compra a un precio menos y gana el doble”.

Mientras las estéticas indígenas son constantemente utilizadas como tendencia, las creadoras indígenas siguen teniendo dificultades para acceder a espacios de representación, financiamiento y protección intelectual. En pasarelas nacionales abundan referencias a tejidos ancestrales, símbolos amazónicos o materiales artesanales. Pero pocas veces quienes producen esos conocimientos ocupan el centro de la conversación.

Machoa lo sabe. También sabe que el miedo al rechazo sigue presente. “Sí, he sentido miedo de que no sea valorado", admite. Recuerda especialmente un desfile donde compartió espacio con otros diseñadores y sintió temor de que sus vestidos no estuvieran a la altura. Después llegaron los mensajes, los elogios y las felicitaciones. Pero la inseguridad permanece como parte de una industria profundamente desigual. Aun así, persiste.

Pasarela con traje artesanal en el Amazonas Fashion Week. Fotografía: Alex Rufino.

Actualmente trabaja en una colección de diez vestidos para una pasarela en junio. Sueña con llegar a escenarios como Colombiamoda y vivir plenamente de su oficio. “Quiero demostrarme a mí misma que sí se puede llegar a esos espacios”, dice. Pero su aspiración no se limita al reconocimiento individual. Habla constantemente de otras mujeres, de jóvenes que no se atreven a mostrar su trabajo y de familias enteras que dependen económicamente de estos oficios.

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