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Chocó enfrenta la emergencia tras el sismo: ¿cómo podemos ayudar?

El terremoto dejó muertos, heridos y daños en viviendas, hospitales, escuelas y vías. Varias comunidades permanecen incomunicadas mientras las autoridades evalúan la emergencia. Estas son las necesidades y recomendaciones para apoyar sin obstaculizar el rescate.

A las 7:34 de la mañana de este lunes 10 de agosto, un sismo de magnitud 7,4 sacudió a Colombia y tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó. El movimiento se sintió en buena parte del país y en países vecinos como Venezuela, Ecuador y Panamá. Horas después, el departamento seguía enfrentando dificultades de comunicación y las autoridades avanzaban en la verificación de los daños y en la atención de las comunidades afectadas.

El reporte preliminar del Puesto de Mando Unificado (PMU) contabilizaba, hasta el último corte disponible, 111 personas fallecidas y 87 heridas, además de 1.575 viviendas averiadas, 37 destruidas y 61 edificios colapsados. También se reportaban afectaciones en 18 centros de salud, 52 centros educativos, 17 centros comunitarios y 18 vías. Seis aeropuertos tenían afectaciones de infraestructura y permanecían sin operación para vuelos comerciales, mientras otro presentaba daños en la pista.

Estas cifras pueden cambiar mientras los equipos de emergencia logran llegar a las zonas más afectadas y consolidan los reportes. En Chocó, la situación es especialmente compleja porque parte del territorio permanece incomunicado. 

¿Por qué el sismo ocurrió en esta zona?

El terremoto no fue un fenómeno inesperado para la región. Lo excepcional fue la cantidad de energía que liberó. Carlos Alberto Vargas Jiménez, sismólogo y líder del Grupo de Geofísica del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional de Colombia, explica que el occidente del país está ubicado en una zona donde interactúan placas tectónicas. La placa de Nazca, correspondiente al piso oceánico del Pacífico, se introduce por debajo de la placa Sudamericana en un proceso conocido como subducción.

Ese movimiento no ocurre de manera completamente continua. En algunos puntos, las placas pueden quedar trabadas y acumular fuerzas durante años. Cuando esa resistencia se rompe, la energía acumulada se libera en forma de un terremoto.

“Era un sismo que estaba dentro de lo que se esperaba, lo que no esperábamos era esa cantidad de energía”, explicó Vargas. El experto señala que los registros históricos muestran que en esta región se han presentado terremotos de magnitudes superiores a 6 con una recurrencia aproximada de entre 10 y 20 años. Entre los antecedentes están los terremotos que han afectado al Eje Cafetero y otros movimientos originados en el Pacífico colombiano.

La magnitud de 7,4 registrada este lunes, sin embargo, fue particularmente elevada. El Servicio Geológico Colombiano lo reportó como el evento sísmico de mayor magnitud registrada en Colombia en el siglo XXI.

¿Qué pasó en Chocó? ¿Por qué el departamento tiene dificultades para responder?

En Quibdó, la capital del Chocó, el sismo de magnitud 7,4 se convirtió rápidamente en una emergencia. En la Universidad Claretiana (Uniclaretiana), estudiantes y docentes corrieron por los pasillos mientras paredes y muros de los pisos superiores colapsaban y levantaban nubes de polvo. En otros puntos de la ciudad, las personas salieron de sus casas y edificios ante el temor de que las estructuras no resistieran las réplicas.

A pocos kilómetros, la estructura del edificio Aprivapa cedió por completo y terminó desplomada sobre el suelo. En medio del caos, fueron los propios habitantes quienes reaccionaron primero y comenzaron a retirar piedras y concreto con sus manos para intentar encontrar a las personas atrapadas entre los escombros.

La emergencia se agravó con el paso de las horas. La Gobernación del Chocó reportó inicialmente tres personas fallecidas, pero hacia la 4:55 de la tarde la cifra había aumentado a 13 y los heridos alcanzaban los 119. En el hospital local de Quibdó, decenas de personas ingresaron a urgencias y algunas tuvieron que ser trasladadas a cirugía. William Palomeque Córdoba, de la oficina de Gestión del Riesgo municipal, informó que entre las personas atendidas había niños y una mujer embarazada.

Los daños tampoco se concentraron en la capital. En San José del Palmar, municipio donde se ubicó el epicentro, medios locales reportaron afectaciones en más de 130 viviendas. En Istmina aparecieron gruesas grietas en vías pavimentadas y se informó del colapso de una estructura en una comunidad indígena.

La magnitud de un terremoto no determina por sí sola el nivel de destrucción. También importan la profundidad, la distancia de las poblaciones al epicentro, el tipo de suelo, la calidad de las construcciones y la capacidad de respuesta disponible en cada territorio.

En Chocó, la emergencia ocurre además en un departamento donde la conexión entre comunidades depende en buena medida de ríos, carreteras y transporte aéreo. Cuando una vía, un aeropuerto o una infraestructura comunitaria queda afectada, el problema no termina en el lugar donde ocurrió el daño: puede impedir que lleguen alimentos, medicamentos, equipos de rescate y personal médico.

Por eso, el hecho de que haya comunidades incomunicadas es una de las principales preocupaciones de esta emergencia. La información disponible durante las primeras horas tampoco permite saber con precisión cuál es la magnitud de los daños en todas las zonas del departamento. Los organismos de socorro y las autoridades deben primero establecer dónde están las personas afectadas, qué estructuras pueden utilizarse de manera segura y cuáles son las rutas disponibles para llegar hasta ellas. Esto explica también por qué no necesariamente la mejor forma de ayudar es enviar inmediatamente cajas de alimentos, ropa o medicamentos.

Entonces, ¿cómo podemos ayudar?

La primera recomendación es no desplazarse hacia Chocó por cuenta propia para intentar ayudar. En una emergencia, la llegada de personas que no hacen parte de los equipos de respuesta puede aumentar la presión sobre las vías, los alojamientos, el transporte y los sistemas de comunicación.

La segunda es evitar enviar donaciones sin que exista una solicitud concreta. Cuando una comunidad está incomunicada, todavía puede no saberse qué necesita con mayor urgencia. Un municipio puede requerir agua, mientras otro necesita medicamentos, alimentos, alojamiento temporal o materiales para reparar viviendas.

Por eso, el dinero entregado a campañas verificadas o a organizaciones con capacidad logística puede resultar más útil que el envío espontáneo de objetos. Permite comprar lo que realmente se necesita y llevarlo hasta los lugares donde se requiere.

Antes de donar, es necesario verificar quién organiza la colecta, qué organización está detrás, cuál es su presencia en el territorio y para qué se utilizarán los recursos. Las emergencias también son momentos en los que pueden aparecer campañas falsas para obtener dinero o información personal.

También se puede ayudar no difundiendo información que todavía no ha sido confirmada. Fotografías, videos y mensajes sobre supuestos desaparecidos, nuevos derrumbes o lugares que necesitan ayuda pueden circular rápidamente sin que sea posible comprobarlos. Compartirlos puede generar angustia entre las familias y dificultar el trabajo de los organismos de socorro.

¿El país estaba preparado para un terremoto así?

Colombia lleva varias décadas fortaleciendo sus normas de construcción y sus sistemas de prevención sísmica. Vargas recuerda que después del terremoto de Popayán de 1983 comenzó a consolidarse con mayor fuerza la regulación de las construcciones sismorresistentes. En 1984 se estableció el primer código de construcción sismorresistente y desde entonces las normas han sido actualizadas con nueva información científica.

Eso no significa que todos los edificios tengan el mismo nivel de seguridad. Algunas construcciones son anteriores a las normas actuales o fueron levantadas sin cumplir adecuadamente los requisitos técnicos.

Por eso, una de las tareas posteriores al terremoto será establecer por qué determinadas estructuras colapsaron o sufrieron daños y verificar si las edificaciones que permanecen en pie son seguras. Para el sismólogo, la respuesta rápida que se ha dado ante un evento de esta magnitud muestra que el país ha desarrollado capacidades importantes. Pero también considera que el terremoto deja información que deberá ser estudiada y que puede servir para actualizar los modelos de amenaza y las normas de construcción.

¿Puede haber otro terremoto o un tsunami?

Después de un terremoto de esta magnitud es normal que se presenten réplicas. De hecho, durante las horas siguientes al movimiento principal ya se habían registrado varias en Chocó.

Vargas explica que después de un sismo grande el sistema tarda un tiempo en regresar a sus condiciones habituales de actividad. Con base en estudios sobre la actividad sísmica posterior a grandes terremotos, señala que puede esperarse un periodo de mayor actividad durante las próximas semanas.

La mayoría de esas réplicas suelen tener una magnitud menor que el terremoto principal, aunque no es posible descartar por completo movimientos importantes.

En cuanto a un tsunami, el experto señala que este sismo no tuvo las características necesarias para producir uno. Aunque los terremotos submarinos pueden desplazar el fondo marino y generar grandes movimientos de agua, el evento de este lunes ocurrió en el continente y no produjo ese desplazamiento del fondo oceánico.

Por eso, los mensajes que alerten sobre un tsunami provocado por este sismo deben verificarse antes de ser compartidos.

¿Qué tan frecuente es que tiemble en Colombia?

La emergencia también recuerda una realidad que no siempre está presente en la conversación pública: Colombia es un país sísmicamente activo. La interacción de las placas de Nazca, Sudamérica y el Caribe genera actividad sísmica en diferentes regiones. El Servicio Geológico Colombiano registra miles de movimientos cada año, aunque la gran mayoría son de magnitudes pequeñas y no son percibidos por la población.

El problema es que los terremotos no pueden predecirse. La ciencia puede identificar las zonas donde existe una mayor amenaza sísmica y estudiar cómo se comportaron terremotos anteriores, pero no puede decir con anticipación cuándo ocurrirá el siguiente.

Por eso, la preparación debe ser permanente: conocer las rutas de evacuación, identificar lugares seguros, tener un kit de emergencia, establecer puntos de encuentro familiares y revisar las condiciones de las viviendas y edificaciones.

En el caso de Chocó, esa preparación también implica fortalecer las comunicaciones y las rutas de acceso para que una emergencia no deje a comunidades enteras aisladas.

Lo que sigue

La prioridad en Chocó es llegar a las comunidades que todavía no han podido ser evaluadas y establecer con precisión cuántas personas resultaron afectadas. En Quibdó, la capital departamental, se reporta preliminarmente una persona fallecida, además de personas heridas y graves daños en edificaciones. La cifra de víctimas se encuentra todavía en proceso de consolidación con las autoridades nacionales y puede cambiar a medida que avancen las labores de verificación.

También será necesario determinar qué viviendas pueden seguir habitadas, cuáles requieren reparaciones y cuáles deben ser reemplazadas. Los centros de salud, las escuelas, las vías, los aeropuertos y demás infraestructura pública tendrán que pasar por evaluaciones técnicas antes de volver a operar con normalidad.

La comunicación será otro de los asuntos prioritarios. En un departamento donde varias comunidades enfrentan dificultades de acceso y comunicación, mantener abiertas las redes puede ser fundamental para localizar a personas afectadas, pedir ayuda y coordinar las labores de emergencia.

La Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) recordó que, durante una emergencia, calamidad o desastre público, las personas pueden comunicarse con los servicios de urgencia aunque no tengan saldo o su servicio de telefonía se encuentre suspendido. Estas llamadas son gratuitas.

Además, los operadores deben priorizar las comunicaciones dirigidas a los servicios de emergencia. Si se presenta congestión en las redes, deben dar prioridad a los mensajes de texto (SMS). También deben dar prelación a las comunicaciones de las entidades que hacen parte del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres.

Por eso, durante las próximas horas es importante utilizar las redes de comunicación de manera responsable. Si una llamada no es urgente, puede ser preferible enviar un mensaje de texto y evitar las comunicaciones innecesarias para mantener disponibles las redes para quienes necesitan pedir auxilio o coordinar la respuesta.

Para quienes quieren ayudar desde otras regiones, la tarea también es concreta: esperar las necesidades identificadas por las autoridades y organizaciones que están en el territorio, donar a iniciativas verificadas, no trasladarse por cuenta propia a las zonas afectadas y verificar la información antes de compartirla.

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