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ENTREVISTA | La reconstrucción “es con la gente, no es por la gente ni a pesar de la gente”: las lecciones del Forec para la reconstrucción tras el terremoto

Para la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto, el Gobierno Nacional ha planteado tomar como referente el modelo de reconstrucción del Eje Cafetero. Lucía González, quien en ese momento dirigió el componente social del Forec, advierte que el proceso debe ir más allá de reconstruir las casas y edificios; plantea la necesidad de la descentralización, la comunicación, la veeduría ciudadana y de adaptar las soluciones a cada territorio, pero siempre en un trabajo articulado en el que las comunidades estén en el centro de todo el proceso.
¿Cómo se hizo este trabajo?
Conversamos con Lucía González, quien compartió su experiencia en el Forec y las acciones exitosas que se podrían replicar para la reconstrucción de las zonas afectadas después del terremoto de inicios de agosto.

El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el occidente de Colombia el 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, inició una emergencia que todavía está lejos de terminar. Al 20 de agosto, el balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres daba cuenta de 319 personas fallecidas, 4.506 heridas y 260 desaparecidas, además de 31.461 viviendas destruidas y 163.492 con daños .

En los últimos días el gobierno de Abelardo de la Espriella ha anunciado una serie de medidas para la reconstrucción. El 19 de agosto, el Gobierno Nacional expidió el Decreto 1261 de 2026, mediante el cual “declara el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica por grave calamidad pública en parte del territorio nacional”, para atender la emergencia en un total de 471 municipios afectados. 

También, en declaraciones públicas, mencionó estrategias como el Plan Milagro de Reconstrucción, que busca articular al Gobierno, constructores, entidades financieras, aseguradoras y administraciones territoriales; ordenó crear el Fondo Milagro, tomando como referente el Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero (Forec), y planteó un Plan Marshall para el Chocó. La estimación preliminar supera los 30 billones de pesos para atender la situación humanitaria y los daños a la infraestructura.

Esa referencia al Forec devuelve la mirada a la reconstrucción que siguió al terremoto del Eje Cafetero de 1999. Una emergencia que fue superior en pérdidas de vidas, pero que tuvo menos daños a la infraestructura que el reciente terremoto, según lo ha mostrado el actual gobierno.

Fuente: Decreto de Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica (19 de agosto de 2026)

En el caso de que este sea el modelo a implementar, se consideraría realizar una reconstrucción que va más allá de la infraestructura, como lo mencionó en una ponencia Everardo Murillo, gerente del Forec: “la reconstrucción fue más que viviendas reparadas o vueltas a construir, más que iglesias, colegios y puestos de salud reconstruidos. La reconstrucción del Eje Cafetero se orientó a la promoción y al fortalecimiento de la sociedad civil; de la participación, del reconocimiento de los otros invisibilizados; avanzó en la identificación y concepción de nuevas percepciones del desarrollo y su consiguiente planificación”. 

Lucía González, quien fue directora social del Forec y años después coordinó Colombia Humanitaria durante la emergencia invernal de 2010, habló con Consonante sobre los aprendizajes de ese proceso y de lo que, a su juicio, debería tener en cuenta el país para atender esta nueva emergencia.

Consonante: ¿Qué lecciones de la reconstrucción del Eje Cafetero se pueden retomar para la atención de la emergencia ocasionada por el reciente terremoto?

Lucía González: Yo creo que muchas cosas aprendimos y valdría la pena casi retomar el modelo en su integralidad. Creo que lo más importante fue haber asignado responsables por áreas, es decir, centralizar las directrices, pero descentralizar la ejecución. Nosotros le asignamos a una ONG o una fundación un territorio. ¿Eso qué permitía? Por un lado, que hubiera una entidad que comprendiera la realidad de cada territorio, que es distinta, porque son distintas las culturas, porque fueron distintas las afectaciones, porque eran distintos también los modos de habitar el territorio, pero también la cercanía con la gente.

Estuvieron las organizaciones sociales y también Antioquia Presente, la Fundación Minuto de Dios, la Fundación Carvajal, estuvo Fenavip, la Federación Nacional de Vivienda de Interés Popular, etc. Cada uno se hizo cargo de un territorio. Y lo más importante después de eso es que logramos hacer un plan de reconstrucción para cada territorio. Es decir, definir las urgencias, las prioridades y, sobre todo, hacerlo de manera muy participativa.

Yo creo que sí se ha insistido mucho en que esto es con la gente, no es por la gente ni a pesar de la gente. Vamos a preguntarle a la gente cuáles son sus prioridades, cuáles son sus necesidades, también cómo puede participar. Hacerla partícipe: no es entregarle una casa, es pensar que puede ayudar en el diseño, que puede ayudar en la construcción, que puede ayudar, por ejemplo, en el cuidado en los albergues. Es muy importante.

Eso yo creo que fue lo más importante y nosotros logramos decir que era una reconstrucción social del Eje Cafetero, es decir, que lo social estaba en el corazón, que ahí había una cosa también que había que tejer, que había que recuperar, que había que estimular y eso fue muy importante.

Lo otro es entender que también hay procesos pedagógicos que son importantes, es decir, que en esa participación hay que hacer pedagogía de las formas de participar, de las formas de servir. También hicimos una escuela enorme. Eso fue varios domingos en las escuelas, explicándole a la gente qué era un subsidio, explicándole a la gente, cuando eligiera su vivienda, qué tenía que tener en cuenta, cuáles eran los checklists que tenía que hacer, cuáles eran los cálculos que tenía que hacer de capacidad de pago, porque la mayoría de la gente venía de estar alquilada en cualquier parte o en cualquier habitación.

Si tú recibes una casa, tú tienes que saber que tienes que pagar servicios públicos, que tienes que pagar predial, que tienes que pagar mantenimiento, un montón de cosas que no necesariamente la gente sabe. Entonces también fue un proceso de formación muy importante.

Y lo otro fue que abrimos escuelas de arte para los niños. Hicimos, sobre todo con los niños, mucha reflexión sobre el medio ambiente a través del arte, sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente, de hacerse responsables también del territorio donde vivían.

Sobre las ONG, yo creo que el balance fue súper positivo, porque cada ONG tenía que presentar un plan, tenía que dar cuenta de su territorio. No era un Ministerio de Vivienda por allá en Bogotá decidiendo qué se hace o un ministerio social decidiendo desde Bogotá qué se hace. No, con la gente, decidiendo con la gente. Eso fue muy, muy importante.

C: Para la reconstrucción, el Gobierno está convocando a constructores, bancos, sector privado y cooperación internacional. ¿Cómo lograr que esa participación responda al interés público y a las necesidades de las comunidades?

L.G.: Es muy importante, primero, que realmente toda intervención se entienda como una interacción. No es que uno vaya a resolver, sino que uno se pone de acuerdo con la gente en sus necesidades, en sus maneras de hacer las cosas.

Tuvimos un problema muy grande con la cooperación internacional. Y es que la cooperación internacional toda iba para mujeres cabeza de hogar o para mujeres. Entonces las mujeres empezaron a dejar a sus maridos, maridos que no tenían trabajo, maridos que habían perdido todo.

Entonces nos tocó dar una batalla, pero bien dura, para hacer entender que no. Esos enfoques tienen que ser pertinentes y tienen que responder a las necesidades, y muchas veces por hacer bien se hace mal.

Entonces, que no sea la cooperación la que decida qué hacer, sino que la cooperación se articule a la demanda, que se articule a las culturas, que entienda qué es lo que hay que hacer.

Uno podría, por ejemplo, pensar mucho en Bojayá. Dice uno: pero qué pesar, ¿por qué Bojayá no construyó las viviendas como las tenían antes, que eran tan hermosas en madera, que ellos mismos podían reparar? Y es porque el imaginario de la casa de material también se lleva cuando llegan los constructores; también llega cuando la oferta es una vivienda de material. Y eso no tiene que ver con el entorno, pero tampoco tiene que ver con sus prácticas de vida y habitacionales.

C: Usted menciona otro componente que hasta ahora ha tenido menos presencia en la discusión: la comunicación. ¿Qué papel debería cumplir en la reconstrucción?

L.G.: El tema de la comunicación es fundamental. Hay que crear un sistema de comunicación para la reconstrucción que logre mandar los mensajes, que logre darle seguridad a la gente, que la gente sepa qué es lo que se va a hacer, quiénes son los responsables. 

El sistema de comunicación tiene que ser un sistema muy potente que genere confianza, pero que además no sea unidireccional, sino que sea capaz de recoger y dar respuesta a lo que la gente está preguntando y lo que la gente está necesitando saber. Y que mantenga el estímulo.

Nosotros hicimos una radionovela, por ejemplo, donde pusimos todos los temas que necesitábamos poner, como lo más cotidiano. En la radionovela hicimos una mesa abierta donde la gente llamaba y participaba, tenía quejas y decía cosas. Entendimos, por ejemplo, que la mayoría de la gente no leía. No solamente porque había un nivel de analfabetismo alto, sino también porque a qué horas en las condiciones en las que estaban. Entonces, por eso, la radio fue muy importante. Porque la gente está tratando de sobrevivir en los albergues y la radio siempre está prendida. Siempre hay una radio que está ahí acompañándolos. Hicimos, por ejemplo, una sección de “Música para reconstruir el alma”.

También hay que decir que empezamos mal y que perdimos como ocho meses de comunicación. Y que encontramos muchos enemigos al principio, porque los políticos estaban muy bravos porque la plata no pasaba por las alcaldías ni por los concejos. Iba directamente para el Fondo y la manejaban directamente las organizaciones sociales, las ONG que estaban en las gerencias zonales. Entonces eso nos generó muchos enemigos.

Toda esa confianza hubo que generarla también a través de los medios de comunicación, a través de todas las herramientas de comunicación posibles.

Hoy tenemos las redes, entonces también habría que saber cómo nos comunicamos a través de las redes sociales, pero yo creo que la radio sigue siendo muy importante. Ahí tienen las emisoras de paz; tienen la emisora de la Policía Nacional; esa debería cumplir un papel muy importante.

Nosotros compramos unos espacios en Caracol y en RCN, unos espacios muy importantes para comunicarnos con la gente. Pero, por ejemplo, eso de la radionovela fue un súper éxito porque ahí pusimos todos los personajes: desde el gerente del FOREC, pasando por la directora social, hasta el vivo que se quería quedar con el subsidio o engañar a la gente.

Teníamos un equipo grande de comunicación. Eso garantiza que haya unidad en el discurso y que el discurso sea muy claro, que mantenga la esperanza y mantenga la confianza.

C: El Gobierno plantea hacer un censo y caracterizar a las familias y los daños antes de tomar muchas de las decisiones. ¿Qué tan determinante es esa caracterización y cómo evitar que retrase la atención?

L.G.: Es lo primero, es lo fundamental y lo más determinante, y hay que hacerlo en el territorio, con la gente, con las comunidades. Por eso las gerencias zonales son tan importantes. La identificación de los líderes naturales, de las Juntas de Acción Comunal, de un control social y comunitario y de una conciencia colectiva es la que garantiza que eso sí se pueda hacer y se haga bien.

En este momento hay que crear puntos de ayuda humanitaria y tratar de que la misma gente entienda que lo controlen ellos mismos. Hay que mandar mensajes de “no dejen llegar más gente al territorio, no dejen que los recursos tengan que dividirse entre más gente”, porque los recursos son escasos; los recursos no crecen porque llegue más gente, sino que se tienen que dividir. Ese mensaje hay que mandarlo.

Y esas primeras ayudas humanitarias, ojalá asignarlas a líderes y a organizaciones comunitarias que puedan tener un conocimiento. Yo creo que eso sería lo mejor. Acompañados por la Cruz Roja o acompañados por la Defensa Civil o la Iglesia. 

La Iglesia es clave. Las iglesias son otro punto focal de apoyo muy importante porque conocen sus comunidades, conocen sus parroquias, pueden ayudar a los líderes, pueden identificar a la gente. Y es muy importante que en los alojamientos temporales —que son lo primero que se tiene que construir porque la gente puede vivir mucho rato, puede ser año y medio, porque cuando una cosa de estas pasa hay que reconstruir acueductos, alcantarillados, mil cosas— no se llenen de gente ajena, de gente que va a quedarse ahí y que no es del territorio y que se va a aprovechar.

Entonces, todo eso, si se hace con las organizaciones y se genera esa confianza con las organizaciones sociales, con las Juntas de Acción Comunal, con las ONG comunitarias, esa confianza genera muy buenos resultados.

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C: Una parte importante de la emergencia está en el Chocó, un territorio que ya enfrentaba profundas desigualdades antes del terremoto. ¿Se debe reconstruir para volver a las condiciones anteriores o se debe reconstruir para superar las condiciones históricas?

L.G.: Yo creo que el Chocó amerita un plan realmente integral. Hay que convocar a todas esas ONG que han estado ahí, que siguen ahí, pero que no suman, no se suman. No hay un plan común, no hay un horizonte común de desarrollo.

Convocarlas para hacer una cosa de fondo. Yo creo que ahí lo que hay que hacer es construir confianza y acompañarlos. No es dejarlos solos, sino acompañarlos. No es quitarles la responsabilidad porque eso no construye comunidad.

Es decir, aquí estamos reconstruyendo comunidad también, estamos reconstruyendo sentidos compartidos, estamos construyendo horizontes de vida compartidos. Eso hay que entenderlo.

Yo creo que si algo amerita buscar una cooperación internacional realmente de fondo, es un territorio como Chocó. Es una oportunidad para rehacer la vida entera. Porque eso no puede volverse a construir de la manera como se ha construido.

Yo creo que hay que hacer un plan integral y eso es casi que un plan de ordenamiento territorial nuevo, con todo. Un plan de ordenamiento territorial, y que no empiecen por pedacitos otra vez a rehacer, sino que haya un plan de ordenamiento territorial sobre todo, que incluya antes que nada los servicios públicos y los espacios comunes de vida: los parques, las escuelas, todo eso. Eso tendría que ser así para pagar esa deuda tan impresionante que tenemos.

C: ¿Qué mecanismos deberían existir para evitar la corrupción en el proceso de reconstrucción?

L.G.: Yo creo que la comunidad tiene que estar muy vigilante; la comunidad tiene que estar muy alerta y muy empoderada.

Y yo creo que cada una de esas gerencias zonales —que yo creo que sí o sí tienen que existir porque desde Bogotá no es posible, eso sí habría que decirlo en todos los tonos: no es posible— debería tener una veeduría ciudadana y debería tener una auditoría, de entrada. Y una veeduría ciudadana, que eso también educa a la sociedad, porque también son oportunidades de educar.

Las ayudas de afuera en el Eje Cafetero, que también fueron muchas, al final terminaron siendo el 2%. Es decir, aquí el Gobierno tiene que poner mucha plata. ¿Y de dónde la va a sacar? No sabemos.

C: En estos días se ha repetido la frase “el pueblo salva al pueblo” y ha habido una enorme movilización ciudadana. ¿Cómo evitar que la solidaridad termine trasladando a la sociedad civil una responsabilidad que corresponde al Estado?

L.G.: No, es que tiene que ser el principal respondiente, no le queda de otra. Es que no hay otra posibilidad.

El Estado es el responsable y la comunidad y la cooperación internacional o local o humanitaria son actos de solidaridad; yo he visto que ha sido muy impresionante, póngale que sea el 3 o el 4%. Y el apoyo del sector privado ha sido muy importante, pero es que esto no vale menos de 30 billones de pesos.

Tienen que hacer un crédito y buscar la cooperación internacional. ¿Iban a buscar cooperación para la guerra? Que la busquen para la reconstrucción. Pero que no le entreguen la reconstrucción a nadie, porque también Estados Unidos puede venir aquí con sus operadores a hacer la reconstrucción.

La reconstrucción es una oportunidad de activación económica para la gente, el territorio y el país. Porque tú le dices a China que venga a reconstruir las carreteras o a Estados Unidos, y se vienen. Pero necesitamos que el país también convierta esto en una oportunidad.

C: La atención institucional y mediática comienza a disminuir con el paso de los días, pero usted habla de una reconstrucción que puede tomar años. ¿Cómo hacer sostenible el proceso?

L.G.: Un plan de largo plazo. Yo creo que es un plan que tendría que tener unos 10 años; es un plan decenal.

Y dejar a las alcaldías y a las gobernaciones fortalecidas también. Nosotros cometimos un error y fue que, por sacarle el cuerpo a la politiquería y al robo, nos saltamos las alcaldías y las gobernaciones.

Después, en el invierno, fortalecimos el apoyo de las organizaciones sociales, de unas gerencias locales, porque esto desborda también a las alcaldías. La que sea, Pereira, igual que Cali, queda desbordada porque ya tiene suficiente tarea. Pero también tiene que ser que esas gerencias locales fortalezcan las instancias municipales y departamentales públicas, las instancias públicas en el tema de planeación, de resolución de los problemas y de la integralidad.

Porque hay un momento en que esas gerencias se van a retirar, pero hay cosas que seguramente quedan pendientes de seguir resolviendo, que no se terminan de resolver en tres o cuatro años en que estén esas gerencias locales.

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