Ilustración: Eduardo Montoya
Chocó Tadó Reportajes

Casa de la Mujer de Tadó: entre el patrimonio de las mujeres y el control de la administración municipal

Lo que nació como un espacio para la formación, el emprendimiento y la garantía de derechos de las mujeres de Tadó se convirtió en objeto de disputa. Varias organizaciones del municipio reclaman que no se sienten incluidas en el proyecto, por lo que piden claridad de la administración municipal para que garantice el acceso a la Casa de la Mujer en igualdad de condiciones.
¿Cómo se hizo este trabajo?
Esta trabajo lo hice tras conocer los problemas del grupo de mujeres para acceder a los espacios de la Casa de la Mujer. Hablé con las mujeres que demandan mayor inclusión y con la administración municipal para escuchar sus respuestas frente a esta situación.

La Casa Social de la Mujer de Tadó Margareth Cristal fue concebida como un espacio para la formación, el emprendimiento y el fortalecimiento de las mujeres del municipio. Su construcción fue anunciada como una de las apuestas sociales de la administración del exalcalde Cristian Copete y, desde su inauguración en 2021, se presentó como un lugar destinado a abrir oportunidades laborales en un territorio con limitadas fuentes de empleo formal.

Sin embargo, tres años después de su entrega, un grupo de mujeres del municipio sostiene que la casa no funciona como el espacio abierto, participativo y comunitario que esperaban. La principal inconformidad está relacionada con el acceso al lugar, la falta de dotación básica, la ausencia de una participación efectiva de las organizaciones de mujeres y la percepción de que la administración municipal actúa más como propietaria del espacio que como aliada de los procesos femeninos.

“Nosotras somos las dueñas de la Casa de la Mujer”, afirma María Perea, tesorera de uno de los grupos vinculados al proceso. Para ella y para otras mujeres de Tadó, este lugar significa años de expectativas, capacitaciones y trabajo colectivo. Por eso cuestionan que para reunirse o desarrollar actividades deban solicitar permisos ante la Alcaldía, incluso cuando consideran que la casa fue construida precisamente para ellas.

El antecedente más visible del proyecto se remonta al 30 de diciembre de 2019, cuando Cristian Copete, durante su posesión como alcalde de Tadó, anunció la construcción de una casa para la mujer tadoseña. La propuesta fue presentada como un espacio para ofrecer capacitaciones, impulsar proyectos productivos y generar alternativas económicas para las mujeres del municipio.

Meses después, el 8 de marzo de 2020, en el marco del Día Internacional de la Mujer, la administración informó que ya se contaba con el terreno para la obra. La entonces primera dama, Sandra Perea, lideró parte del proceso e invitó a mujeres del municipio a participar en la definición de los proyectos que se desarrollarían en la futura casa.

De acuerdo con los testimonios recogidos, las mujeres se reunieron en la Alcaldía Municipal de Tadó y fueron convocadas a procesos de formación con la organización Asodamas. Los módulos incluyeron temas como moda circular, economía solidaria y seguridad alimentaria. Con esas capacitaciones se buscaba preparar a las participantes para poner en marcha iniciativas productivas, especialmente en las áreas de belleza y gastronomía.

Para muchas de ellas, la casa representaba mucho más que una infraestructura. Era la posibilidad de contar con un lugar propio para trabajar, emprender y llevar sustento a sus hogares. En un municipio con escasas oportunidades laborales, el proyecto despertó la expectativa de generar ingresos a partir de oficios aprendidos durante las formaciones.

Cuando el proyecto fue entregado, recibió el nombre de Casa Social de la Mujer de Tadó Margareth Cristal, en homenaje a la hija fallecida de la ex primera dama. Aunque el gesto tuvo una carga personal y simbólica para la administración de ese momento, algunas mujeres recuerdan que la decisión generó inconformidad dentro del proceso, pues esperaban que el nombre y el sentido del lugar fueran definidos de manera más colectiva.

A esa molestia se sumaron otras tensiones. Varias participantes aseguran que no todas las mujeres que hicieron parte de las capacitaciones fueron incluidas en la inauguración ni en la puesta en marcha del proyecto. También afirman que, desde el comienzo, hubo confusión sobre quién podía usar la casa, bajo qué condiciones y cuál sería el papel real de las organizaciones de mujeres.

“Este es un proyecto muy importante para las mujeres porque realmente se necesitaba en el municipio. Aunque cabe resaltar que la Casa de la Mujer no fue construida como debería ser, gracias a Dios ya la tenemos. Pero es importante que la gente sepa que en la casa no se les dio participación a las chicas que fueron preparadas por Asodamas. La casa la ha cogido la administración municipal por cuenta de ellos y las mujeres que desde hace años venimos en pie de lucha tenemos que solicitar permiso para reunirnos en un lugar que está allí por nosotras”, sostiene María Perea.

Para Perea, la administración debería cumplir un rol de acompañamiento institucional, no de control sobre el espacio. “La administración es una aliada de la casa; las mujeres tadoseñas son las dueñas de esa edificación”, agrega.

Abierta al público pero cerrada para las mujeres

Actualmente, la Casa de la Mujer cuenta con iniciativas asociadas a gastronomía y belleza. Sin embargo, las organizaciones inconformes consideran que el espacio quedó reducido a unos servicios específicos y no a un verdadero centro de encuentro, orientación, formación y participación para todas las mujeres del municipio.

Las mujeres de la Asociación por el Bienestar de la Mujer Tadoseña (Asbent), aseguran que desde 2020 han insistido en que la casa sea un espacio abierto. Según sus relatos, el grupo llegó a estar conformado por cerca de 16 mujeres activas, aunque en los momentos iniciales la participación fue mayor.

Diana Marcela Mosquera, monitora del grupo de asociadas, recuerda que las reuniones se realizaban en distintos horarios en el auditorio municipal María Garcés de Tadó. Según ella, con el paso del tiempo varias mujeres se retiraron por las dificultades del proceso y por la forma en que se sintieron tratadas.

“Éramos un grupo grande de mujeres, pero al ver el maltrato verbal y una atención muy deficiente, muchas desertaron. Ni siquiera nos daban para una bolsa de agua. Al final quedó un grupo reducido de mujeres que siempre ha estado en pie de lucha, a pesar del maltrato que recibían”, afirma Mosquera.

La inconformidad se profundizó con el cambio de administración municipal. Las mujeres esperaban que el nuevo gobierno local facilitara el acceso al espacio y respaldara sus procesos organizativos. No obstante, aseguran que se encontraron con un requisito que consideran contradictorio: pedir autorización por escrito para usar la casa.

Uno de los reclamos más frecuentes tiene que ver con las condiciones materiales del lugar. Las mujeres sostienen que la casa fue entregada con dotación para los proyectos de belleza y gastronomía, pero hoy no cuenta con elementos básicos suficientes para desarrollar reuniones o actividades comunitarias.

Según los testimonios, cuando la Ruta Pacífica de las Mujeres —organización que acompaña procesos de mujeres en el Chocó— realiza actividades mensuales en Tadó, las participantes deben conseguir sillas prestadas, hacer el aseo del lugar y garantizar que los implementos utilizados queden nuevamente organizados.

La Ruta Pacífica ha acompañado al grupo con talleres, fortalecimiento de saberes ancestrales, asesoría jurídica y atención psicológica. Para las mujeres, este apoyo ha sido clave en su proceso de empoderamiento, pero también ha dejado en evidencia las limitaciones de la casa como espacio público para la garantía de derechos.

El malestar comunitario, según ellas, se resume en una pregunta: ¿cómo una construcción destinada a las mujeres, que fue entregada con dotación, hoy no cuenta siquiera con sillas suficientes para realizar una reunión?

La respuesta de la administración municipal

La administración municipal reconoce que existe inconformidad, pero sostiene que la regulación del acceso responde a una necesidad de organización. Brenda Yulieth Mosquera Sánchez, gerente general de la Alcaldía Municipal de Tadó, explica que la casa es solicitada por varias organizaciones y que sin un cronograma podrían presentarse cruces entre actividades.

“Sé del descontento de las mujeres, pero la regulación de los permisos se debe a la condición en que se encuentra la casa y a que recibimos muchas solicitudes. Como administración hacemos un cronograma de permisos y acceso porque tenemos varias organizaciones que trabajan con mujeres. Si no organizamos desde acá, puede pasar que se les dé el permiso a las mismas personas o que se crucen actividades. Hace poco ocurrió que una actividad estaba terminando y otra debía empezar. Por eso se le pidió al enlace que llevara una programación”, explicó Mosquera.

La funcionaria también afirma que la actual administración recibió la casa en condiciones deterioradas. Según su versión, la Alcaldía gestionó ante la Fundación Luterana algunos arreglos y una nueva dotación para mejorar el funcionamiento del lugar.

“Las mujeres no se sienten representadas, pero hay que ser claros: la casa la recibimos en ruinas. Hoy, gracias a la gestión ante la Fundación Luterana, se hicieron arreglos a la construcción y también se consiguió una dotación. El objetivo es que la Casa de la Mujer sea un espacio de confianza, atención y garantía de derechos, en articulación con la Casa de Justicia”, señaló.

Mosquera agregó que la administración adelanta un mapeo de los grupos y organizaciones de mujeres existentes en Tadó, con el propósito de conformar una junta con representación de diferentes sectores. También indicó que ya existe un borrador de la política pública de mujer, que será socializado próximamente.

Desde la perspectiva de la Alcaldía, el ideal es que la casa no se entienda únicamente como un espacio de emprendimientos o servicios comerciales, sino como un lugar donde cualquier mujer pueda recibir orientación psicosocial, acompañamiento jurídico o atención en caso de vulneración de derechos.

Un conflicto por el sentido de la casa

El punto de fondo no parece limitarse al trámite de permisos, lo que está en disputa es el sentido mismo de la Casa de la Mujer: si debe funcionar como una dependencia administrada por la Alcaldía, como un centro de servicios productivos o como un espacio comunitario apropiado por las mujeres del municipio.

Para las integrantes de Asbent, la casa debe ser un escenario de participación real, donde las mujeres puedan reunirse, recibir formación, fortalecer sus emprendimientos y acceder a servicios institucionales sin sentirse excluidas. Para la administración, en cambio, el reto es organizar el uso del espacio, garantizar que varias organizaciones puedan acceder y ampliar su función hacia la atención integral de derechos.

Ambas posiciones coinciden en un punto: Tadó necesita una Casa de la Mujer activa, dotada y funcional. La diferencia está en quién decide sobre ella, cómo se administra y qué lugar ocupan las organizaciones de mujeres en esas decisiones.

Esta discusión ocurre en un contexto laboral especialmente difícil para el Chocó. Según el Dane, en 2025 el departamento registró una tasa de desocupación de 12,8 por ciento, la más alta entre los departamentos medidos. La brecha de género agrava el panorama. En 2025, el Chocó registró la mayor diferencia en desempleo entre hombres y mujeres: la tasa de desocupación masculina fue de 9,0 por ciento, mientras que la femenina alcanzó el 20,4 por ciento.

Estos datos ayudan a dimensionar por qué la Casa de la Mujer no es solo una discusión administrativa. Para las organizaciones del municipio, el acceso a ese espacio está relacionado con la posibilidad de capacitarse, emprender, generar ingresos y construir redes de apoyo en un territorio donde las mujeres enfrentan mayores barreras para acceder al trabajo.

Las organizaciones de mujeres de Tadó esperan que la Alcaldía avance hacia un modelo de administración más participativo. Piden que se les permita acceder a la casa sin trámites restrictivos, que se respete el carácter comunitario del espacio y que la dotación permanezca en el lugar para el uso de las actividades dirigidas a mujeres.

También solicitan que la administración gestione proyectos productivos que permitan fortalecer emprendimientos en gastronomía, belleza y otras áreas de formación. Para ellas, la casa debe recuperar el propósito con el que fue anunciada: ser un espacio para que las mujeres se formen, trabajen, reciban acompañamiento y mejoren su calidad de vida.

Mientras se define una política pública y se conforman posibles mecanismos de participación, la Casa Social de la Mujer de Tadó continúa siendo un lugar cargado de expectativas, con la esperanza de que se convierta en un lugar de encuentro para las mujeres tadoseñas. 

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