Ilustración: Camila Bolívar | Reproducciones: Manuela Saldarriaga H.
Caquetá San Vicente del Caguán Entrevista

“Fomentar la lectura era nuestro propósito”: fundadora de la revista Mamma Mía de San Vicente del Caguán

Dos mujeres editaron una revista de cultura e historia para promover un diálogo más informado y diverso en la época de la "Zona De Distensión” (1998). Yaqueline y Martha recibieron el legado de su tío Luis Alberto Suaza Lomelin ‘La voz soñada’, el pionero de la comunicación alternativa en el municipio.
¿Cómo se hizo este trabajo?
Encontramos las publicaciones de Mamma Mía en la biblioteca municipal y buscamos con este material de archivo reconocer el ejercicio periodístico hecho por mujeres para fomentar la cultura de lectura y de conciencia crítica en 'zona de despeje'. Consonante visitó la casa de Suaza Medina y la entrevistó en un par de ocasiones.

Yaqueline Suaza Medina es comerciante independiente y actual tesorera de la Asociación de mujeres en pie de lucha por la equidad y los derechos humanos - ASOMUPIEL. En 1998, con cerca de 25 años, era la única mujer, junto a su hermana, que realizaba una edición cultural en San Vicente del Caguán.

El municipio fue delimitado para que un grupo armado, por primera vez en Colombia, tuviera libre movilidad con cese de hostilidades, justo cuando su hermana Martha Cecilia Suaza Medina, recién llegada de Italia porque pasaría una temporada en Colombia, mencionó que allí hacía falta ‘algo’.

Pese a que había mucha información de San Vicente del Caguán en la prensa nacional solo se oía la radio. “¡Mamma mía!” fue la expresión que usó Martha Cecilia ese día y con ella vino a su mente un formato de revista única. La propuesta hizo eco en los oídos de su hermana Yaqueline y, sin pensarlo dos veces, empezaron a buscar la imprenta. 

Según Yaqueline, el propósito con Mamma mía fue rescatar la historia del pueblo y entusiasmar con la lectura, promover el cuidado de la ecología y fomentar el empleo a través de la sección de clasificados.

En sus recuerdos, ella se percibe como una mujer a la que no le daba pena hablarle a quien fuera. Que si estaba en la tarima o si tenía que atravesar para tomar una foto, lo hacía. Ser arriesgada, puntual con las entrevistas y con los tiempos de impresión, resultó ser su fórmula para llevar a cabo cada ejemplar físico.

En total fueron diez ediciones y aunque adelantaron el tiraje de la once, nunca salió a la luz por falta de presupuesto. Martha Cecilia fue una de sus principales financiadoras durante las publicaciones esporádicas, porque la periodicidad dependió del patrocinio que, según Yaqueline, provino del Vicariato, de la Alcaldía, de Instituciones educativas y de ventas ambulantes.

Antes del cambio de siglo, además, no había medios de comunicación impresos y nativos de San Vicente del Caguán. “En algún momento existió un periódico llamado San Vicente Informa que dejó de circular sin razón aparente”, dice. 

“Acogimos la idea de hacer una revista aunque ninguna de las dos tuviera experiencia; nos pensamos un formato sencillo y entendible y partimos de que la audiencia carecía de estudio tanto en el área urbana como rural por falta de acceso”. 

Consonante la entrevistó para conocer la historia detrás de su modelo de prensa.

Consonante: ¿Cómo describe la época en que nació la revista? 

Yaqueline Suaza Medina: Mammá mía nace en noviembre de 1998, el tiempo en que se inicia “el despeje”, y se publica hasta el 2001. A los tres años, cuando nosotras teníamos el ejemplar de la edición número once, lista en el computador para mandar a imprimir, no teníamos recursos. Alguien se ofreció pero, como coincidió con el fin del intento de diálogo del Gobierno con las antiguas Farc-ep, no quise, porque era peligroso. Yo sabía que iba a tener problemas si esa persona me colaboraba, entonces no acepté. 

Siempre fuimos independientes e incluso brindamos un espacio para que escribieran personas anónimamente. Recibimos comentarios por los artículos alrededor de muchas de las cosas que estaban pasando. En una ocasión, una persona me pidió que le dijera quién estaba escribiendo las críticas en contra del “despeje” y yo le dije que no, que no tenía por qué hacerlo, ya que conocía mis derechos y los derechos de un medio de comunicación. Es justo cuando también nace la idea de estudiar Comunicación Social.

C.: ¿Cómo preparó la primera edición?

Y. S. M.: La primera revista uno la ve y es como si la hubiera hecho un niño de kinder. El primer ejemplar que sacamos, nos sacó canas. Pensamos en que todo fuera alusivo a San Vicente y no tomamos fotos sino que la portada es un dibujo que hizo mi hermana del monumento “el hacha”.

Al principio hicimos 500 ejemplares y fue muy tenaz porque acá no había donde imprimir, entonces nos fuimos a Bogotá y por medio de una amiga en la capital que nos ayudó a diseñar y a otro amigo que nos ayudó con el dato sobre dónde imprimir en tiraje. Pero la imprimió un señor que no sabía sino imprimir, es decir, no nos guió con la diagramación y quedaron hojas en blanco; desaprovechamos espacio y luego la contraportada también salió vacía. Fue una cosa de la que nosotras después nos reímos al comparar con el último ejemplar que, sin ser el mejor, sí tuvo una evolución. 

Para la segunda edición fueron 1.000 y después 2.000 y así sucesivamente. No recuerdo si alcanzamos a llegar a los 5.000. 

C.: ¿Cómo fue el proceso para legitimar a Mamma Mía como medio de comunicación, además de invertir tiempo y presupuesto?

Y. S. M.: Lo primero fue buscar el ISSN (el código numérico para la identificación de las publicaciones seriadas), que otorgan a los medios de comunicación. Estos tienen que cumplir con unos requisitos como ser impresos y continuos, entre otros. Mi hermana, como era en ese momento como la representante legal, hizo la solicitud. Por un lado debíamos inscribirnos en la Cámara de Comercio; por otro lado dejar ejemplares en la hemeroteca de la Universidad Nacional y otros por ley.

C.: ¿Cómo hacían la reportería y cuál era su agenda para recolectar su información?

Y. S. M.: La revista tenía varias secciones. La primera era ‘recuerdos’ para entrevistar a personas oriundas de San Vicente. La segunda sección era de cultura porque, en ese momento, había un proyecto de la iglesia que tenía como propósito fomentar “el desarme infantil” (ya que los niños se veían jugando a la guerra). En ese momento había una hermana que promovía la escritura para niños, lo llamaba ‘angelitos’. Decidimos dejar una sección para sus escritos, lo que nos trajo más lectores infantiles y sus cartas a la espera de lograr verlas publicadas, desde las inspecciones rurales por donde también circulaba la revista. 

Otra sección era de clasificados para las personas que estaban buscando empleo y también tuvimos espacios para publicidades, entonces cobramos a cada persona por sacarle el espacio.

C.: ¿La publicación de clasificados fue la principal fuente para sostener a Mamma mía o cómo construyeron las alianzas para fortalecer la publicación?

Y. S. M.: Cuando íbamos a vender la revista —porque no era gratis— yo me iba por las calles ofreciéndola. A veces daba tristeza, porque uno estaba vendiendo algo que había hecho con mucho esfuerzo y, personas estudiadas que lo sabían, no nos apoyaban o hasta podían demeritar el trabajo hecho, a pesar de eso, fue mucha más la gente que nos apoyó fuese con publicidad o con la compra. Algunos decían, ¿esto para qué? Fomentar la lectura era nuestro propósito.

C.: ¿Cómo fue generar contenido de interés para un público con falta de acceso a la educación? ¿Cree que eso influye en la escasez de medios en San Vicente del Caguán?

Y. S. M.: Claro y para ese momento mucho más. En un municipio como San Vicente con falta de conocimiento limita el interés por las noticias, la opinión y los cambios, para este caso de políticas, de los derechos y en las tomas de decisiones. Es por esto que el formato de Mamma mía estaba diseñado para que fuese completamente atractivo y, sobre todo, entendible.

C.: Uno de los pocos periodistas reconocidos en el municipio fue Alberto Suaza Lomelin, ¿cómo recibió su ejemplo para generar contenido informativo?

Y. S. M.: Mi tío Alberto, el de “la voz soñada”, estuvo presente en nuestra segunda edición. A él sí lo sacamos en fotos y todo con una entrevista para resaltar su ejercicio de divulgación como pionero y principal fundador de los medios de comunicación en San Vicente del Caguán. 

De pie, en una esquina y con su megáfono, mi tío divulgaba las noticias como la construcción de la carretera, el eclipse, una cosa o la otra. A veces con carteles que él mismo hacía a manos. Para mí su labor fue muy bonita y le llegaba a la gente, tal vez queríamos hacer lo mismo.

C.: ¿Ese ejemplo familiar contribuyó en su formación?

Y. S. M.: De pronto eso sí puede estar en la sangre.

C.: ¿Considera que ahora hace falta una publicación como Mamma mía?

Y. S. M.: Sería algo hermoso si la hubiera. Y que fuera una revista limpia sin una tendencia en el sentido del color político, porque eso fue lo que nosotras logramos: una publicación independiente. 

C.: ¿Qué otras reflexiones obtuvo del oficio?

Y. S. M.: Lo que es el amor por comunicar, una práctica de dedicación e ingenio. Nos fuimos por la cultura, la opinión y por darle espacio a la gente, porque siempre tiene algo por decir. 

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  • Edilberto
    Jul 19, 2024
    Que buena historia. Felicitaciones a quienes dedicaron tiempo en este reportaje. Mil aplausos
  • Sna lucia rivera
    Jul 17, 2024
    Maravilloso este informe saber que una de las mueres de este hermoso municipio San Vicente del caguan tiene esta historia super ejemplo a seguir felicitaciones también a leidy Franco por rescatar cada día esta historia que son tan interesantes como mujer líder me es grato leer historias haci con empoderamiento

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