Aunque existe un convenio por 1.100 millones de pesos para la construcción de la cancha del estadio José María Hernández —adjudicado por la Alcaldía de Leticia en el marco de un proyecto de inversión—, el principal escenario deportivo de la ciudad continúa deteriorándose mientras deportistas y vecinos esperan que las obras se materialicen. Entre el abandono de la infraestructura y la incertidumbre sobre su recuperación, el estadio ha dejado de ser únicamente un espacio deportivo y se ha convertido en motivo de preocupación para la comunidad.
Para las escuelas deportivas, los clubes y las familias que durante años hicieron del José María Hernández un punto de encuentro, el deterioro del estadio significa mucho más que una infraestructura abandonada.
La falta de un escenario adecuado ha limitado los entrenamientos, reducido la realización de torneos y obligado a trasladar actividades a otros espacios que no siempre reúnen las condiciones necesarias.
El José María Hernández no es el único escenario que refleja el deterioro de la infraestructura deportiva en Leticia. La situación se repite en canchas de barrios y zonas rurales, donde entrenadores y deportistas deben adaptar espacios para continuar con sus procesos de formación. En la pista de patinaje, por ejemplo, la preocupación ya no se limita al riesgo propio de los entrenamientos. La falta de vigilancia ha permitido que el lugar también sea ocupado por habitantes en condición de calle y consumidores de sustancias psicoactivas, lo que ha generado temor entre quienes practican allí. A esto se suma otra deuda histórica: las disciplinas ancestrales de la Amazonía, como el arco y flecha y la cerbatana, continúan sin contar con escenarios adecuados para su enseñanza, práctica y preservación.

Para Miguel, entrenador y deportista indígena, la principal limitación del deporte en Leticia no es la falta de interés de los jóvenes, sino la ausencia de escenarios adecuados para su formación. Aunque reconoce que existen canchas destinadas al microfútbol y otras disciplinas recreativas, sostiene que "son escenarios únicamente para el aprovechamiento del tiempo libre, para la recreación". En su concepto, la ciudad carece de infraestructura para formar deportistas de alto rendimiento y esa realidad también se extiende a las comunidades indígenas. "No tenemos un buen coliseo, un buen estadio; no hay un escenario adecuado para trabajar el alto rendimiento", afirma. El ejemplo más claro, añade, es el estadio José María Hernández. Su deterioro ha obligado a los entrenadores a trasladar los procesos de formación de niños y jóvenes a parques y pequeñas canchas de microfútbol, espacios que no reúnen las condiciones necesarias para el entrenamiento competitivo.
Las consecuencias de esta falta de infraestructura van más allá del deterioro de los escenarios. Para Miguel, el Amazonas cuenta con niños y jóvenes con talento, pero las limitaciones en espacios adecuados y el escaso apoyo institucional impiden consolidar procesos de formación que les permitan competir en el ámbito nacional.
"Nosotros como comunidades indígenas participamos en recreación, en los Juegos de la Amazonía y Orinoquía, pero nunca hemos participado en deporte de alto rendimiento", afirma.
Como ejemplo, menciona el trabajo de entrenadores que, pese a las dificultades, mantienen vivos sus procesos deportivos con recursos propios. "El profesor Tamayo trabaja el patinaje, pero aquí no tenemos una pista adecuada. Es un fracaso para esos niños; le ha tocado matricular a su hijo en la federación de Brasil. Lo mismo pasa con el profesor Óscar Goez en baloncesto: saca adelante a sus deportistas con el esfuerzo de los padres porque no hay escenarios ni recursos para llevar un equipo a torneos de mayor nivel".
Frente a las inversiones públicas, Miguel considera que el problema no es únicamente la cantidad de recursos destinados al deporte, sino la forma en que se distribuyen. Asegura que la inversión se concentra en Leticia y rara vez llega a las organizaciones y comunidades indígenas donde también se forman niños y jóvenes. "Los recursos se centran en Leticia, pero no llegan directamente a las comunidades", sostiene.
En su opinión, el Instituto Departamental del Deporte y la Gobernación deben gestionar más recursos ante el Gobierno nacional, priorizar la construcción y el mantenimiento de escenarios deportivos y respaldar el trabajo de los entrenadores con programas de formación sostenidos. "Si no hay un proceso serio y de largo plazo, nunca vamos a tener un deportista de alto rendimiento", advierte.
Para Miguel, el reto no se limita a construir más canchas o coliseos. También implica formar profesionales del deporte y articular el trabajo entre las instituciones, las organizaciones indígenas y las comunidades. Solo así, dice, el futuro deportivo del Amazonas dejará de depender exclusivamente del esfuerzo de las familias y de entrenadores que, pese a las limitaciones, mantienen vivos los procesos de formación.
Mientras entrenadores y deportistas describen un panorama de déficit en la infraestructura deportiva, la Alcaldía de Leticia sostiene que uno de los principales escenarios de la ciudad está cerca de recuperar su funcionamiento. El 23 de junio, a través de sus redes sociales, la administración municipal anunció que la nueva gramilla del estadio José María Hernández avanza "a buen ritmo" y aseguró que la cancha será entregada "muy pronto" a la comunidad.

En la publicación, la Alcaldía informó que ya se realizó la primera poda de la gramilla, que el sistema de riego está en funcionamiento y que la siguiente fase contempla la instalación de los arcos. Según la administración, las obras son ejecutadas por la empresa Amazonas Desarrollo Inteligente (ADI S.A.S. E.S.P.) y hacen parte de un proyecto que busca entregar un escenario deportivo completamente renovado.
La intervención de la cancha también quedó respaldada con el Convenio 005 de 2025, mediante el cual la Alcaldía de Leticia destinó 1.100 millones de pesos para ejecutar el proyecto de construcción de la cancha del estadio José María Hernández. Aunque la administración presenta la obra como una intervención próxima a culminar, entrenadores consultados por Consonante sostienen que la ciudad sigue enfrentando un déficit de escenarios adecuados para el entrenamiento y el alto rendimiento.

Para Luis Álvaro Tamayo Córdoba, entrenador del Club Jungla y uno de los pioneros del patinaje en el Amazonas, formar deportistas en Leticia ha significado abrirse camino casi sin infraestructura. Se formó como patinador en Bogotá y regresó a su ciudad con la idea de crear una escuela donde, recuerda, "ni siquiera conocían los patines". Años después, decenas de niños entrenan bajo su orientación, aunque las condiciones siguen estando lejos de las que exige el deporte competitivo. "En escenarios deportivos aquí en Leticia está muy precario, por no decir pésimo", afirma.
La única pista de patinaje de la ciudad no cumple con las dimensiones reglamentarias, una limitación que condiciona cada entrenamiento. "No podemos trabajar sobre unos tiempos a nivel nacional porque el escenario es demasiado pequeño. No podemos entrenar con bastante velocidad porque la curva los bota y corren mucho riesgo de una caída", explica. Esa desventaja se hace más evidente cuando los deportistas viajan a competir fuera del departamento. "Sí, hay muchos niños que han abandonado el deporte por falta de una pista reglamentaria. Van a competir fuera de Leticia, ven esos escenarios y quedan anonadados".
Pese a esas dificultades, Tamayo ha logrado formar deportistas de alto nivel. El caso más emblemático es el de su hijo, Felipe, campeón suramericano y ubicado entre los quince patinadores más rápidos del mundo. Sin embargo, hoy representa a Brasil. "No tuvimos el apoyo en Colombia", dice el entrenador, convencido de que el talento existe en el Amazonas, pero las oportunidades para desarrollarlo siguen siendo insuficientes.

Para Tamayo, el problema no se limita a la falta de escenarios especializados para el alto rendimiento. También considera que Leticia carece de espacios públicos suficientes para que niños, jóvenes, adultos y personas mayores puedan desarrollar actividad física de manera segura y permanente. "No hay parques para niños. Un niño necesita un parque donde pueda correr, donde pueda expresarse físicamente", afirma.
A esa carencia se suman, dice, el deterioro de la infraestructura existente y la ausencia de una política de mantenimiento. "Hay entrenadores que trabajan con las uñas porque no hay escenarios adecuados y tampoco existe el respeto para quien está utilizando un espacio deportivo". En su opinión, la ciudad ha terminado utilizando los escenarios deportivos para actividades que aceleran su desgaste. Como ejemplo, menciona el Coliseo Municipal, una obra que, según recuerda, permanece inconclusa desde finales de la década de 1990. "El Coliseo Municipal parece el más grande del mundo porque lo están construyendo desde 1998 y no lo han terminado. Además, hacen bailes y otras actividades que deterioran los escenarios".
Frente a ese panorama, propone que el deporte cuente con una institucionalidad dedicada exclusivamente a la administración, el mantenimiento y la vigilancia de los escenarios, y plantea que algunos de estos espacios puedan ser gestionados por clubes deportivos mediante alianzas con empresas privadas para garantizar su conservación.
Tamayo también llama la atención sobre una deuda con las prácticas deportivas ancestrales de la Amazonía. Al conocer que la nueva Villa Deportiva tendrá una segunda etapa, propuso incluir un espacio destinado al arco y flecha, la cerbatana y otras disciplinas tradicionales.
"¿Por qué no pueden hacer un espacio para deportes autóctonos?
Matamos dos pájaros de un solo tiro", plantea. Para él, no se trata únicamente de construir un nuevo escenario deportivo, sino de reconocer estas prácticas como parte del patrimonio cultural amazónico y garantizar un lugar donde puedan enseñarse, practicarse y fortalecerse.
Para Tamayo, el futuro del deporte amazónico no depende únicamente de construir nuevos escenarios. También requiere una apuesta sostenida por quienes los utilizan. Entre sus prioridades menciona una pista reglamentaria de patinaje, atención médica y nutricional para los deportistas y apoyos que respondan a sus necesidades reales. "¿Qué va a hacer un muchacho con un papel? Mejor regálele unos tenis, una bicicleta o implementos deportivos", plantea.
A su juicio, la inversión pública debe pensarse a largo plazo y entender el deporte como una oportunidad de desarrollo para la región. "Si hacen excelentes escenarios deportivos y comienzan a traer campeonatos nacionales, eso va a traer turismo, empleo y buenos deportistas", afirma. Sin embargo, insiste en que las obras, por sí solas, no resolverán el problema. Sin mantenimiento, vigilancia y apropiación ciudadana, advierte, cualquier inversión corre el riesgo de deteriorarse nuevamente. "Lo que me preocupa es quién va a cuidar esos escenarios".
En la Leticia que imagina dentro de cinco años conviven escenarios adecuados para disciplinas convencionales y espacios destinados a los deportes ancestrales de la Amazonía. Para Tamayo, esa transformación no solo permitiría formar deportistas de alto rendimiento, sino reconocer que prácticas como el arco y flecha o la cerbatana también hacen parte del patrimonio cultural del territorio y merecen un lugar dentro de la infraestructura deportiva de la ciudad.

La situación del deporte en el Amazonas también pone en evidencia la distancia entre las metas nacionales y la realidad territorial. El Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026, Colombia Potencia Mundial de la Vida, plantea fortalecer el deporte escolar, comunitario y de alto rendimiento con enfoques territoriales y étnicos. De acuerdo con el Ministerio del Deporte, al cierre del primer semestre de 2025 esa política registraba un avance del 74,9 % y el Gobierno reportaba la entrega de 82 escenarios deportivos en 55 municipios de 20 departamentos, además de inversiones superiores a 272.000 millones de pesos en infraestructura y más de 62.000 millones destinados al fortalecimiento del deporte asociado.
En el Amazonas, sin embargo, ese balance aún no se refleja en las condiciones que enfrentan entrenadores y deportistas.
La falta de escenarios reglamentarios para disciplinas como el patinaje, el atletismo o la natación obliga a adaptar los entrenamientos, mientras obras como la recuperación del estadio José María Hernández avanzan con lentitud y continúan siendo motivo de incertidumbre para la comunidad deportiva.
Para quienes forman atletas en el departamento, la brecha no está en la falta de talento, sino en la ausencia de infraestructura, apoyo técnico y procesos sostenidos que permitan desarrollar ese potencial.
Las consecuencias de esa brecha se reflejan en la vida cotidiana de quienes practican deporte en el Amazonas. En muchos casos, la participación en competencias regionales y nacionales sigue dependiendo del esfuerzo económico de entrenadores y familias, que asumen los costos de la formación, los desplazamientos y los implementos deportivos ante la limitada oferta institucional. Al mismo tiempo, disciplinas ancestrales como el arco y flecha y la cerbatana continúan sin escenarios donde puedan enseñarse y fortalecerse como parte del patrimonio deportivo y cultural de la región.
La falta de infraestructura también trasciende el deporte competitivo. En barrios y comunidades indígenas, la escasez de parques, espacios recreativos y escenarios comunitarios reduce las oportunidades para que niños, jóvenes y adultos encuentren en la actividad física una alternativa de bienestar, convivencia y prevención de problemáticas sociales.
Así, mientras la política deportiva nacional plantea un modelo basado en la inclusión, el enfoque territorial y el desarrollo regional, en Leticia las demandas siguen siendo mucho más elementales. Entrenadores y deportistas coinciden en que el primer reto continúa siendo contar con escenarios dignos, terminar obras que llevan años de retraso y garantizar procesos de formación estables. Sin esas condiciones, advierten, el talento amazónico seguirá dependiendo más del esfuerzo individual que de una política pública capaz de acompañarlo y hacerlo crecer.



