Fotografías: Gabriel Linares López | Texto: Manuela Saldarriaga Hernández

Consonante presenta: Agenda Ciudadana Puerto Inírida, Guainía

Guainía Puerto Inírida Agenda Ciudadana
Consonante recorrió Puerto Inírida, en Guainía, y reúne aquí las voces de indígenas pertenecientes a las etnias Curripaco, Puinave, Piapoco, Sikuani y Guanano del noroeste amazónico. Estos son los temas que consideran relevantes en la discusión pública.

Los desafíos sobre el cuidado, entre la espesa selva del noroeste amazónico, tienen que ver con las tensiones por el dominio de los recursos naturales. 

Entre las principales preocupaciones de los indígenas Curripaco, Sikuani, Piapoco y Puinave de Puerto Inírida, está el impacto por la degradación de la extracción de oro, mercurio y coltán, así como por la presencia armada de grupos legales e ilegales, que protegen a las empresas y grupos extractivistas.



El robo y posterior alteración del ADN de la fauna y flora del Guainía, a través del tráfico de especies, es también un tema de conversación entre los pueblos que han denunciado desde hace décadas la extracción de semillas, orquídeas, peces ornamentales (raya motora o pez ángel) y más. 

La conquista territorial de foráneos quedó en manos de brigadas, entre ellas el Ejército colombiano y venezolano, que han llegado incluso a izar sus banderas en los cerros que son, a su vez, templos sagrados para los nativos.

Selva y orígenes

En lengua indígena Puinave, los cerros que se elevan como dioses a orillas del río rojo de Inírida, se denominan maicuri ween, wiibirig ween y bu ween

Son tres monolitos sagrados y también biorreguladores del ecosistema que, en castellano, llevan el nombre de Cerro Mavecure, Cerro Pajarito y Cerro Mono. Según el pueblo Curripaco, sobre estos cerros se amaron dioses y de su juntanza salieron volando pájaros de todos los colores.

Puerto Inírida es conocido como el municipio plurilingüe de Colombia, donde los indígenas dominan como mínimo dos lenguas y, en el mejor de los casos, hasta cinco idiomas, incluido el castellano o el inglés de otros colonos. 

Migraciones

Según las fuentes consultadas, con migración no se refiere al tránsito por la trifrontera entre Colombia, Venezuela y Brasil de los pueblos indígenas, quienes ancestralmente han estado alrededor de los ríos Cuyari, Isana, Guainía, Atabapo e Inírida, que desembocan en la gran cuenca de la Orinoquía, y que hacen parte de la macro familia lingüística arawak. Estos pueblos, dicen, son nómadas.

Hoy les preocupa los asentamientos periurbanos en zonas cercanas a humedales, por lo que la gente pide un nuevo catastro tras la llegada de ciudadanos venezolanos vecinos. El impacto económico, dicen, se refleja en el empobrecimiento de muchos indígenas y nativos que aseguran ven disminuida la cobertura de salud, educación e infraestructura, que no dan abasto para ofrecer a foráneos lo que no ofrece a propios el territorio.

Turismo rural sostenible

Los monolitos, así como la Estrella Fluvial de Oriente, donde confluyen los ríos Guaviare, Inírida y Atabapo, cada vez reciben más turistas por su interés en los monumentos naturales. 

Con el apogeo de visitantes, sin embargo, han aparecido intereses de construcción hotelera y oferta turística con los que las comunidades indígenas quieren verse beneficiadas en lugar de sentirse desplazadas. Su mayor interés es convertirse en los principales anfitriones y consolidar un movimiento de traspaso de saberes donde el cuidado, pero también la herencia del conocimiento sobre los significados simbólicos de la región, sea lo que más se destaque. Para ello, dicen los líderes, se requiere apoyo institucional.

La sostenibilidad sigue siendo la pregunta. Mientras el cuidado está a cargo de las comunidades indígenas y no indígenas, estos todavía no ven los ingresos que otros habitantes no nativos reciben por su capacidad instalada. 

Aunque los pueblos están de acuerdo con cambiar la economía extractiva por la del turismo rural sostenible, esperarían que estas iniciativas cuenten con la inversión necesaria para la investigación, la educación ambiental, la formación en avistamiento de especies selváticas y generar un ambiente de capacitación con legalidad.

Salud intercultural

El Sistema Intercultural de Salud de los Pueblos Indígenas (SISPI) avanza en el departamento de Guainía y en el municipio de Puerto Inírida, específicamente, gracias a la alianza entre mesas de concertación de los pueblos y la administración pública. 

Aunque no está tan adelante con la implementación del SISPI como en Caquetá o Risaralda, según dice la Jefe de oficina de asuntos indígenas del Hospital, Etelvina Horacio, no están tan atrasados como en las principales ciudades del país, que ignoran el volumen de la migración de estos pueblos que también requieren asistencia médica. 

El Hospital ha hecho enlaces con los distintos pueblos y ofrece facilitadores que dominan conocimiento y lengua dentro del recinto y en cada uno de los resguardos como articuladores. 

Hay una sala de parto adecuada a las costumbres de alumbramiento de las mujeres indígenas y, de hecho, tienen una maloka construida en las instalaciones. Pero aún hace falta crear una huerta con medicina de la selva y la institucionalidad no logra cautivar la confianza de los principales mayores y sabedores, que han sido víctimas del despojo de su conocimiento por parte de colonos.  

Educación ancestral

Para el pueblo Curripaco, la universidad está escrita en los monolitos y en toda la arquitectura natural, donde sus ancestros inscribieron su conocimiento. Los mitos fundacionales emergen desde cada rincón de la selva pero siguen siendo atropellados por quienes demeritan su valor. 

Para las etnias Curripaco, Puinave y hasta Guanano que habitan esas tierras se requiere una inversión en infraestructura para educación indígena. Desean preservar sus conocimientos y combinarlos con el saber occidental más amable para sus pueblos, pero reconocen que la dificultad no está solo en inversión, pues el Estado no ha reconocido como maestros a los sabedores y profesionales nativos. 

Aunque existe una política pública para que la educación ancestral pase de propuesta a implementación, no hay un plan claro sobre la inclusión etnolingüística en una educación occidental que, según las fuentes, desconoce la identidad y hasta los pedidos indígenas de una reforma ministerial donde, incluso, el sistema de evaluación común caduque.

Los pueblos indígenas han elevado a mujeres de capitanas, buscando no solo que la interlocución con el Estado sobre las propuestas de sus comunidades, que ocupan el 95% del territorio, sean tenidas en cuenta. También para demostrar que si ellos han actualizado lo necesario dentro de sus costumbres, los gobiernos también entreguen aquello con lo que durante siglos han estado en deuda.


CRÉDITOS

Reportería
Periodistas red Consonante en Puerto Inírida:
Esperanza Castro Torres
Weymar Peña Evaristo
Yeison Betancourt Seguro
Hermes López Cabria
Gabriel Linares López
Manuela Saldarriaga Hernández

Videografía
Gabriel Linares López

Montaje documental
Manuela Saldarriaga Hernández
Gabriel Linares López

Edición general
Ángela Martín Laiton


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